Todo lo que pasa por tu mente cuando te haces una prueba de VIH

Creo que no he conocido a nadie, que cuando se menciona la palabra VIH, se sientan incómodos, nerviosos o temerosos. Es bien sabido que esta enfermedad es muy grave, pues además de ser contagiosa, hasta el día de hoy no tiene cura. Sin embargo, para tener contagio tendrías que estar en contacto con alguien que lo tuviera y que te tocara su sangre en una herida, que te hicieran una transfusión de sangre contaminada o por tener relaciones sexuales sin protección. La mejor forma de saber que tu vida y salud están bien, es haciendo una prueba de VIH.

Nunca me había hecho ese estudio

Debo reconocer que antes de ir al médico o al laboratorio, jamás me había hecho esa prueba. De hecho, jamás había pasado por mi mente. Dicen que las personas que han tenido muchas parejas sexuales son quienes más deben hacérsela por pura seguridad. En mi caso, no he tenido tantísimas parejas sexuales como para pensar lo peor. Sin embargo, también hay que ser realistas. Puede ser que tú te estés cuidando, pero qué tal si la otra persona no lo hizo o no lo ha hecho y por sus imprudencias ya te contagió de algo incurable.

Es momento de hacer la prueba de VIH

En una de mis consultas con la ginecóloga, le comenté que había decidido salir con una nueva pareja. Ella me sugirió que era bueno tener algún método de control para evitar un embarazo y me sugirió que tanto él como yo nos hiciéramos las pruebas necesarias para descartar cualquier enfermedad. Obvio en un principio me saqué un poco de onda, pero sabía que era lo mejor. Así, al saber que los dos estábamos sanos, podíamos disfrutar con responsabilidad y sin tanto miedo.

Pensamientos que tuve

“Todo va a salir bien, siempre te has protegido, ¿o no?”

“Y si en esa vez que se rompió el condón pasó algo y yo no me enteré”.

“Ok, qué es lo peor que puede pasar. Ya hay clínicas en donde tratan la enfermedad y te dan más esperanza de vida”.

“Cuando vaya al laboratorio, ¿me mirarán feo los químicos o sólo se enfocarán en sacarme sangre y ya?”

“Dios, no dejo de pensar en qué puede pasar si todo sale mal”.

“¿Y si alguno me contagió y ni siquiera sabe que lo tiene?”

“¿Qué va a pasar si el resultado es positivo? ¿Cómo se lo diré a mis papás?”

Fueron muchas cosas las que pasaron por mi mente. Por fortuna, todo salió bien. Los doctores me explicaron que es recomendable que todos nos hagamos la prueba cada cierto tiempo, sólo para descartar un problema mayor. Si tienes una pareja estable y no tienen relaciones con otros, el riesgo de contagio se reduce mucho. Sin embargo, no debes confiarte nunca.

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