Señales de que el estrés me estaba dañando y no lo había notado

Pareciera que el día a día puede ser relajado cuando ya has adoptado una rutina. Por desgracia, es lo contrario. Entre las labores del trabajo, los gastos de la casa y otras preocupaciones, el estrés se estaba apoderando de mí. No me había percatado de que me estaba dañando. Luego de un tiempo de sentir diversos malestares opté por ir con el médico, pues sabía que algo no andaba bien. Cuando descubrí lo que pasaba, me alegré de haber ido a tiempo a consultarlo.

Es engañoso

El estrés es más engañoso de lo que podrías imaginar. Supe que tenía graves problemas cuando el malestar de la colitis se había desatado. Sentía mi vientre hinchado todo el tiempo y era muy incómodo. Al principio imaginé que sólo había sido por algo que comí. Eliminé algunos alimentos de mi dieta para evitar la inflamación, pero ésta seguía. Luego de unos días tuve que usar pants cómodos, porque los de botón me lastimaban debido a la hinchazón. Por si pensaba que la colitis era suficiente, empecé a sentir mucha pesadez en mi cuello. Al acudir con el quiropráctico me dijo que traía tensión acumulada en esa zona. Me dijo que se debía a la mala postura, pero también a que vivía en constante estrés.

Imposible ser paciente

A todo lugar al que iba me sentía impaciente, aunque tan sólo llevara unos minutos ahí. Jamás había relacionado eso con el estrés y por ende no sabía que me estaba dañando. Los tics en mis ojos se hicieron presentes, al igual que un ligero temblor en mis piernas cada vez que estaba sentada. Lo más gracioso es que nunca relacioné eso con el estrés.  Al poco tiempo ya no era solo eso, sino que también sentía mucha fatiga y debilidad. Estaba consciente de que hacía muchas cosas, pero trataba de dormir lo necesario. Aún durmiéndome temprano, despertaba con mucha pesadez y cansancio. Luego de un tiempo comprendí que era debido a los estragos del estrés.

Cambios de humor

Mi estado de ánimo también se afectó por el estrés. Podía sentirme tranquila en un momento e inmediatamente sentir enojo o mucha irritación. Pocas veces me sentía contenta o con ganas de estar con muchas personas. De hecho, empecé a alejarme de todos, porque me molestaba que hablaran en voz alta o en pocas palabras me molestaba su existencia.

El estrés me estaba dañando

Todo esto que te platico, lo fui descubriendo poco a poco con la ayuda del médico. Sin embargo, me explicó que también pude llegar a sentir vértigo. Incluso mi memoria pudo estar dispersa debido al estrés. La caída del cabello también indica que algo no anda bien. Para contrarrestar todo el daño tuve que recurrir a varias cosas. Descansar bien fue la primera, dejar de cargar con cosas que no me correspondían fue la segunda. También me ayudaron los mantras y las meditaciones.

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