Neurosis: la enfermedad de las grandes urbes

Estábamos dentro del Metrobús (sistema de transporte público de la Ciudad de México) y el calor era insoportable. Todos teníamos prisa, queríamos llegar puntuales a nuestro lugar de trabajo pero algo inesperado ocurrió. Una señora sufrió un ataque de neurosis que al final nos perjudicó a todos. Quienes vivimos en la ciudad, sabemos que la puntualidad es un volado. Una opción es vivir relativamente cerca de la oficina y llevar horarios distintos al resto para evitar el caos. La otra es salir con bastante tiempo de anticipación para conseguirlo. Y aun cuando hagas esto, nada te garantiza que eludirás los ataques de ansiedad en la gente. Incluso, tú podrías ser víctima de uno, y es que se han vuelto tan frecuentes que ya son parte de la cotidianidad de esta gran urbe llamada CDMX.

Ciudadanos neuróticos

La neurosis es un trastorno que ocurre en la psique y se manifiesta con diversos síntomas entre los que se encuentran el nerviosismo y la ansiedad. Esta enfermedad se caracteriza por la alteración emocional del estado de ánimo. Sin embargo, nadie está exento de experimentar un ataque de ansiedad como el que tuvo una señora dentro del Metrobús. En el andén de la estación Alvaro Obregón, una mujer en la puerta gritaba a todo pulmón: “Recórranse, dejen pasar, llevo horas aquí intentando subir”. Todos hicieron caso omiso. El Metrobús hizo su conteo normal para cerrar las puertas. La mujer, como pudo, saltó dentro. Algunas chicas la empujaban hacia afuera. Ninguna de las dos partes estaba dispuesta a ceder. El forcejeo terminó con un bolsazo que rompió el cristal de la puerta. Esto activo un protocolo de seguridad que nos puso a los pasajeros fuera del transporte.

La enfermedad de nuestro tiempo

En el mundo existen casi 300 millones de enfermos emocionales. Solo 8 de cada 100 personas acuden con algún especialista para atender este malestar. De hecho, igual que la depresión, la neurosis es una enfermedades derivada del acelerado estilo de vida. El año, pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó en las Estadísticas Sanitarias Mundiales, que las enfermedades mentales como la neurosis o la depresión son uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial. Los estudios demuestran que al menos 1 de cada 4 personas sufre algún grado de neurosis y ha llegado a padecer trastornos emocionales graves que necesitan ayuda médica especializada. De hecho, de acuerdo con información del ISSSTE, el suicidio es la segunda causa principal de defunción en personas de entre 15 y 29 años, situación estrechamente relacionada con la depresión. 

El estigma social de la neurosis y la depresión

Lo peor es que quienes padecen depresión y ataques de neurosis, además deben cargar con el estigma de “personas tóxicas”, nocivas o negativas, en una sociedad que se vuelve cada vez más superficial y menos comprensiva. La idea de la felicidad obligatoria es una de las más terribles que nos han inculcado los medios de comunicación y las redes sociales. Se ha generalizado a tal grado que si no eres feliz, es porque eres un fracasado. Si no eres feliz es porque estás equivocado, porque tu actitud ante la vida no es la mejor. “Estás triste porque quieres, todo es cuestión de actitud”, dicen las frases más trilladas en redes que medio mundo suele compartir. Esta “moda”, por así decirlo, convierte a las personas con neurosis y a las que están deprimidas, en seres indeseables de los que hay que huir. Justo como pasó con la señora que quebró el cristal. Nadie fue comprensivo con ella; al contrario, todos acusaron a la “vieja neurótica” como la principal responsable del retraso en el transporte.

El derecho a sentirnos mal sin ser señalados

Aunque la señora, en parte, fue la responsable de que llegáramos con retraso a nuestro lugar de trabajo, también es cierto que todos nos hemos sentido, alguna vez, como ella, y en lugar de ser comprendidos somos señalados. Por eso, cuando veas a alguien pasando un mal momento, trata de juzgar menos y comprender más. Intenta ver en cada persona extraña pequeños reflejos de ti. Si vas con tiempo, de vez en cuando podrías ceder tu lugar. No está mal, por un rato, ser más humano.


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