Mi historia de terror con la metformina para bajar de peso

Para bajar de peso no se necesitan pastillas. Sé que muchas chicas tienen historias de terror con las pastillas que bajan de peso. La verdad es que yo nunca había hecho una dieta en toda mi vida. Pero a mis 28 años por más que hacía ejercicio, no lograba regresar al peso que siempre había tenido. Con la recomendación de una amiga acabe yendo con un bariatra para que me pusiera a dieta.

¿La dieta viene con pastillas?

Durante toda mi vida me negué a consumir cualquier cosa que fomentara esta locura de las dietas sin sentido. Pero esta vez estaba tan desesperada por entrar en mis antiguos vestidos que pensé “qué más da , una vez en la vida no me hará daño”. De poder volver atrás le diría a mi yo del pasado “solo deja el alcohol y ponte a hacer una hora más de ejercicio” pero no, procedí con la dieta y las pastillas. No soy fan de las pastillas, de hecho evito consumir cualquier tipo de medicina a menos de que esta muy enferma.

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Una semana difícil

Comencé mi semana haciendo caso de las recomendaciones del doctor con mi dieta. Realmente las porciones que me propuso no eran difíciles de cumplir, ya que eran exactamente las mismas que yo consumo a diario, aunque si me quito gran parte de mis carbohidratos. Los primeros dos días nos sufrí en lo absoluto, aunque si tenía un ligero dolor en el estomago. Fue hasta el día 3 que tuve un problema grave en mi trabajo, por el cual casi fuí despedida que el malestar incremento. Fue de un momento para el otro, yo quería pensar que mis emociones eran las que me estaban bombardeando en ese momento, pero al parecer la pastilla estaba haciendo más que revolverme el estomago.

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El jueves inmóvil

Nunca en mi vida me había sentido tan mal. Pensé que tendría que ir al psicólogo a que me diera pastillas para la depresión, porque ciertamente quería vivir en mi cama. La luz me molestaba, no paraba de llorar, súmenle a eso dolor de estómago y muchísimo sueño. Tanto sueño que apenas puedes pensar. Se lo atribuí a mi reciente problema laboral y pase el resto de la semana recriminándome cada error cometido. Pase una semana de perros, con síntomas que se parecían mucho a los de mi depresión. Hasta que por fin el domingo me harte.

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Ya no quiero más pastillas

Suelo ser una mujer muy positiva, enfrento mis errores y busco la forma de darles la vuelta. Esa siempre ha sido una de mis grades virtudes. Pero por alguna razón no lograba mantenerme despierta, todo lo que comía me hacía mal. Entonces le eche la culpa a las pastillas. Después de vomitar mi tercera comida del día, dije basta. No más, ya no me iba a tomar nada. Después de tomarme un ibuprofeno para el terrible dolor de cabeza que sentía, caí dormida. Al día siguiente me sentía muy debil, temblorosa. Decidí desayunar cualquier cosa que se me antojara.

Fui a una cafetería linda que está por mi casa

Pedí la orden de chilaquiles más grande que había, con extra de queso y pollo. Tenía tanta hambre que tenía ganas de llorar. Después de comer y beber mi café. Me di cuenta que esos kilos de más no me iban a matar. Fui a hacerme examenes de sangre y sí, me aparecieron trigliceridos arriba. Así que decidí seguir con la dieta, pero sin ningún tipo de pastillas.

Creo que muchas mujeres se torturan a si mismas en exceso cuando se trata de bajar de peso. Cuidar de nuestra salud siempre es bienvenido, pero si a causa de eso vas a tener que pasar tus días de mal humor, con terribles dolores de cabeza y vomitando, creo que no vale la pena. Para mi la salud es primero, pero de eso a torturarme para volver a entrar en un vestido. Creo que prefiero comprar un vestido más grande.

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