Las emociones y el cuerpo: la relación que tienen con tus dolencias

Hace unos años, pasaba por una mala racha en mi vida. Cuando apenas me estaba reponiendo de una arrastrada que me ponía la vida, venía otra, más intensa. Me sentía peor que cuando las olas del mar te revuelcan dentro del agua y cuando se han cansado de jugar contigo te escupen de vuelta a la tierra. Mientras esa racha pasaba, yo trataba de mostrar la mejor cara al mundo. No lo hacía para fingir que nada pasaba o que yo estaba super bien, lo hacía porque sabía que de haberme tirado en el drama, la cosa se hubiera puesto peor. Imagínate esta ecuación: drama de mi vida+ dramática yo. El resultado iba a ser una bomba que en cualquier momento explotaría. Durante esa etapa, comencé a notar que tenía varios problemillas de salud.

Al principio no les di importancia. Un leve resfriado, ¡meh!, tal vez por las bacterias que había en el ambiente. Tos, quizás por pasar mucho tiempo en el sol. Ah, dolor estomacal, tal vez porque había comido algo que estaba echado a perder. Aunque iba al médico y me prescribían medicamento, notaba que mejoraba de manera temporal. Jamás pensé en la relación que tenían esos achaques con lo que estaba pasando en mi vida.

El cuerpo habla por sí solo

Muchas personas se ríen cuando les comentas que el cuerpo habla por sí solo. Puede parecer gracioso, pero es la verdad. Por eso, aunque a veces gastes en consultas médicas no notas mejoría. Se debe a que tu cuerpo está tratando de decirte algo y no le prestas atención. Un dolor de cabeza puede ser originado por una gran preocupación que tienes. Tal vez ese malestar que traes en el estómago es porque sientes angustia porque el dinero no te alcanza o porque tienes miedo de la presentación que darás en el trabajo. Además, siendo sincera, desde pequeños nos han enseñado que los dolores del cuerpo siempre se relacionan con cosas “comunes”.

Por ejemplo, comer en exceso, dormir en mala posición, haber pasado mucho tiempo con un enfermo. Lo malo es que nunca nos dicen que esos malestares pueden ser por sentimientos que no hemos soltado. Tal vez ni siquiera nuestros padres lo sepan. Sé que ahora que yo sí lo sé, es mi deber enseñarles que también el cuerpo habla cuando las dolencias vienen del corazón o de la mente.

La relación que tienen tus malestares y tus emociones

Para que pudiera saber la relación que tienen mis dolencias y mis emociones, empecé a ir a terapia. Cuando estuve yendo, yo iba a arreglar otros asuntos. Jamás imaginé que ahí descubriría todo eso. En las primeras sesiones, trataba el asunto por el que decidí buscar ayuda. Sin embargo, la psicóloga se fue dando cuenta de que había algo más. Me explicó que los dolores que a veces dejamos pasar a la ligera, son mensajes que el cuerpo manda. Como no atendemos esa necesidad en el momento, hacemos que el problema se postergue y vaya creciendo. No tratar estas dolencias del alma puede convertirse en enfermedad y en los peores casos, puede terminar siendo crónica.

¿Escondes tus emociones?

También aprendí, que mucho de lo bueno o malo que tengo o soy ahora se debe a lo que he vivido toda mi vida. Tal vez en mi infancia o adolescencia tuve experiencias poco gratas y mi subconsciente las relaciona con algo específico. Una forma, un aroma, una sensación. Todo queda registrado y si lo reprimo, a la larga voy convirtiéndolo en algo más grave. La energía que contenemos bloquea nuestra mente y cuerpo. Eso provoca dolor y si no se trata se vuelve una enfermedad. Sabiendo esto, es importante ser más empáticos con los demás. Desde nuestra perspectiva, puede parecer algo sencillo. Sin embargo, no sabemos por qué situaciones han pasado los demás y lo que eso significa en sus vidas.

Me duele…

Podrás tratar de disimular lo que sientes, pero tu cuerpo no lo hace. Él busca la manera de sacar todo eso que tú estás guardando.

  • Ansiedad. Si sientes ansiedad, puedes sentir entumecimiento muscular, irritabilidad o insomnio.
  • Depresión. El cuerpo se siente pesado, sin ganas de hacer nada.
  • Miedo. Un nudo en el estómago o en el pecho, sensación de frío o calambres.
  • Frustración. Es miedo contenido, una combinación de enojo y negación. Tu cuerpo está tenso y no respiras de manera correcta.
  • Celos. La relación que tienen con tu cuerpo es compleja. Puede haber miedo, humillación y cólera que desencadenan malestar en el área del pecho.
  • Tristeza. Se siente en tu pecho, pero también abarca la garganta y los ojos (por eso, el llanto). Si lloras, sientes que te liberas de eso que sientes.

La relación que tienen en tu cuerpo

  • Pánico se relaciona con diarrea.
  • No saber en dónde estás o qué hacer con tu vida podría causar infecciones urinarias.
  • Callar lo que sentimos a veces genera anginas y dolor en la garganta.
  • Miedo por cuestiones económicas se relaciona con dolor lumbar.
  • Negativa a ceder origina dolor en las rodillas.
  • Dudas crean dolor en la cabeza.
  • Insatisfacción o sentirse incomprendido impulsa a comer en exceso para llenar el vacío.

Ir a terapia ayuda. También existen muchos libros que se han enfocado en la relación que tienen los malestares y tu cuerpo. Si te enfermas, presta atención a lo que sientes, tal vez no se trate solo de gripe.

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