Ella es mi ángel y tiene Síndrome de Down

Recibir la noticia de que el bebé que traes en el vientre tiene Síndrome de Down no es nada sencillo. Miedo es el adjetivo que mejor le va a esta situación cuando eres mamá de un niño con esta condición. Afortunadamente, con el tiempo, tu corazón se ensancha de una forma espectacular, dejando espacio para ser la mamá más afortunada del mundo. Porque al final, ese pequeño o pequeña es tuyo.

El diagnóstico

Existen muchos estudios prenatales que pueden diagnosticar esta alteración, dependiendo del momento del embarazo en el que ocurra. Algunos padres tienen que tomar la decisión de continuar o declinar el embarazo. Esta situación es muy controversial, pues muchas veces las decisiones de los padres se ven impulsadas por el miedo, la fantasía o la falta de información. El problema se vuelve aún más grande cuando la gestación está avanzada y el embarazo tiene que continuar sí o sí. En este panorama muchos padres se ven a sí mismos sin una sola salida.

La preparación

No todo es negro. Si el diagnóstico fue recibido en un etapa temprana, los padres pueden informarse mejor acerca de la situación. De esta forma podrán procesarla y conectarse con grupos de apoyo, doctores especialistas y también involucrar al resto de la familia en este proceso. Muchas madres confiesan arrepentirse de haber sentido tanta angustia durante el embarazo, ya que el encuentro con su bebé fue completamente diferente a lo que ellas habían imaginado. De hecho, el amor por su bebé es tan fuerte que descubren que los sentimientos pasados no tenían tanto sentido como parecían tenerlo.

El primer contacto con el bebé

El momento en el que te entregan a tu bebé es maravilloso, los miedos se convierten en amor poco a poco. Es el mismo proceso que cualquier madre tiene con su bebé. En casos especiales cuando el síndrome no fue detectado durante el embarazo, los padres pueden pasar un mal rato porque no han procesado esta información. Hay que darse un tiempo para que el conocimiento de padres e hijo suceda y se genere un apego más profundo. Este apego generará en ambos padres una fuerza que no sabían que tenían.

El crecimiento

Las mamás con hijos que tienen Síndrome de down no dan nada por sentado. Todos los días son como una bendición. Cada logro de estos chiquitos es algo que celebrar como con cualquier otro bebé. A medida que los niños crecen comienzan a parecer otro temas de salud y sociales que inevitablemente acompañan esta alteración. Hay terapias, muchos doctores, grupos de apoyo, conseguir el colegio adecuado, etc…

Mamá multiusos

Una mamá con un pequeño con esta condición, pronto se convierte en médica, abogada, terapeuta, especialista en derechos humanos, investigadora, activista, hasta en la mujer maravilla si ella quiere. Ambos padres tendrán pleno conocimiento del síndrome. Los niños con Síndrome de Down tienen los mismos derechos que cualquier otro niño y es importante que ellos reciban todo el apoyo que merecen. Les deseamos a nuestros hijos lo mismo que cualquier padre quiere para sus pequeños: felicidad, que tengan toda la autonomía que se pueda, que encuentren una vocación y una forma de entrar en este mundo.

Hay muchos retos que se presentan cuando eres mami o papi de un chiquito con Síndrome de Down; sin embargo, al igual que cualquier niño son bendiciones, son ángeles que vienen a enseñarnos muchas cosas: a expandir nuestro corazón y a enriquecer nuestra vida. 

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