Cómo saber que estás teniendo un ataque de ansiedad

Jamás había experimentado un ataque de ansiedad. De hecho ni siquiera sabía de qué se trataba o qué lo ocasionaba. Hasta antes de vivirlo, pensaba que se trataba de una situación que sólo vivían las personas que eran ansiosas en toda su vida. Esa era la lógica que yo tenía. Sin embargo, lo que desencadenó esos ataques en mí fue un asalto, bastante violento. A partir de ahí mi vida no volvió a ser la misma.

Experiencia desagradable

Nunca había sufrido un asalto y tal vez eso hizo que la situación vivida fuera aún peor. El día que pasó eso, algo me decía que las cosas no estaban bien, pero no escuché a mi instinto y fue cuando sucedió. Viajaba en el pesero, se subieron dos hombres y luego de un tramo recorrido, sacaron sus armas para asaltarnos. Uno de ellos puso la pistola en mi cabeza. En ese momento yo lo único que pedía era seguir con vida. A pesar de que no quería darles mis pertenencias, sabía que de no hacerlo podía costarme la vida. Di mis cosas como los demás pasajeros, ellos se bajaron y yo quedé en shock. Pensé que no había sido tan grave. Llegué a casa y me puse a llorar con mi mamá. Prueba superada. O al menos eso era lo que yo creía, hasta que tuve mi primer ataque de ansiedad.

Ataque de ansiedad=taquicardia

Una semana después de esa mala experiencia, volví a salir de casa. Debo reconocer que luego de ese día lo único que quería era estar en casa. Dejé de hacer muchas cosas esos días, por miedo. Cuando me animé a salir de nuevo, experimenté muchas sensaciones desagradables que en un principio no sabía que eran parte del ataque de ansiedad. Por ejemplo, que mi corazón latía tan rápido que sentía que iba a morir en ese momento.

Dificultad para respirar

Lo peor era la sensación de no poder respirar. Era como si alguien oprimiera mi pecho por completo y se me iba todo el aire. Necesitaba salir de donde estuviera o detenerme un momento para poder recobrar el aire. La verdad era una situación bastante desesperante.

Dolor en el pecho

El dolor en el pecho tenía mucha relación con la dificultad para respirar. Incluso había veces en las que el dolor se quedaba conmigo durante todo el día.

Miedo o pánico

Lo peor era el miedo, pues ahora ya andaba más alerta aunque fuera sólo a la tienda de enfrente de mi casa. Ya no volví a ser la misma. Ahora no quería estar sola por mucho tiempo.

Sudoración y temblores

En los peores momentos, comenzaba a sudar en frío y mi cuerpo experimentaba temblores que me hacían perder el control. Mis padres sabía que no podía andar sola por la calle por lo mal que me ponía.

Luego de estar varios meses con esta situación, tuve que acudir a terapia para superar la mala experiencia y poder continuar con mi vida. No voy a negar que es difícil y me ha costado mucho trabajo, pero no puedo vivir así, porque créeme, eso no es vida.

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