El largo de mi falda no define quien soy, aunque así quieras pensarlo

Tengo muchas ganas de vestirme como yo quiero. A menudo miro dentro de mi clóset y distingo los vestidos que más me gustan. Esos que me hacen lucir como una figura de reloj, realmente amo esos vestidos. Sin embargo, son los que menos suelo utilizar. No debería, pero cuando vives en una ciudad donde los hombres no controlan sus impulsos  puede ser bastante incómodo y no solo eso…

Quiero vestirme como yo quiero…

Me gustaría decirle algunas cosas a los hombres que, bromeando, le chiflan a las chicas que pasan frente a ellos. A los hombres que juzgan a una chica con mucho busto cuando se le baja sin querer la blusa. A los maestros, jefes y hombres de autoridad cuando se aprovechan de su posición y quieren aprovecharse de la vulnerabilidad de una mujer. Nosotras no nos vestimos para provocarlos, no nos gusta que nos griten en la calle. Es terrible tener en el armario un montón de pantalones y usarlos solo por temor a que te hagan algo en las calle. El acoso no es gracioso ni bonito. No comprendemos porqué no pueden respetarnos y menos si hay mujeres en su familia. A todas ellas, empezando por su madre, les parece nefasto el acoso.

Pero, aguas, no solo son los hombres…

Ellos chiflan y hacen comentarios inapropiados, pero las mujeres juzgan. He aprendido con el tiempo que no le vas a poder darle gusto a nadie, más que a ti misma. Mientras los hombres son atrevidos sexualmente, las mujeres criticamos con dureza a las chicas que gustan de vestirse un poco más sexy. Si todas las mujeres del mundo nos preocupáramos por cómo nos ven los demás, no habría ni una sola mujer en minifalda por la calle. Las mujeres lo hacemos sin querer, por envidia, celos o simplemente por educación. Y te digo algo: a mí me encanta usar faldas cortas y eso no significa que ande con más de un hombre. No soy una hetaira, tampoco busco atención especial de los hombres. Uso ropa pegada porque me gusta mi cuerpo, porque disfruto de usar vestidos y de andar cómoda en leggings de colores por la calle.

Ni el largo de mi falda ni mi escote es lo que está mal

Lo erróneo es la educación de ambos géneros. De niñas a muchas de nosotras nos enseñaron que solo las chicas que se dedican al negocio del sexo usan faldas tan cortas. También nos enseñaron que las mujeres pasadas de moda las usan hasta los tobillos. La cantidad de tela que uses en tu ropa no es el equivalente a tus valores, ni tu personalidad, ni quien realmente eres. Es esta misma mentalidad lo que hace que a los hombres se les haga tan fácil chiflarle a una mujer en la calle o creer que puede tocarla porque trae un escote pronunciado.

Quiero ser yo misma sin que me pongas una etiqueta

No creo que exista mujer en este mundo que no haya sufrido algún tipo de acoso. Y por eso deberíamos comenzar a hacer algo para detenerlo. Quiero entrar en mi clóset y escoger la ropa que me inspire a ser yo misma, sin tener que preocuparme por sufrir acoso en las calles. Me gustaría enseñarle a mi hija a no juzgar a las demás mujeres solo por su apariencia. Y también amaría enseñarle a mi hijo que las mujeres no son un objeto. Si dejamos de lado esos prejuicios y cuidamos más la educación de los más pequeños, podremos hacer un cambio real.

El día de hoy, poco podemos hacer con los hombres que te gritan en la calle. Sin embargo, aún hay mucho terreno que podemos recorrer con los más chicos en casa. Espero que la próxima vez que me veas en la calle con un vestido corto o entallado no pienses que me lo puse para llamar tu atención. Solo lo hago porque me hace sentir bien conmigo misma, aunque eso no sea lo que todos ven.

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