Yo tenía al mejor marido del mundo, o al menos eso creían todos…

Todo el que me conoce podría jurar que yo tenía al mejor marido a mi lado. Mis amigas me lo dijeron el día que él me propuso matrimonio. Vecinos, conocidos, incluso sus amigos metían las manos al fuego por él asegurando que es el mejor ser humano sobre la faz de la tierra. Tal vez por eso nadie entiende cómo es posible que haya decidido separarme del mejor hombre que me pudo tocar. Sí, eso es lo que todos creen, porque todos sólo conocen lo que hay en la superficie, pero la única que sabe todo el trasfondo soy yo. 

Dedicado por completo a su trabajo

Sí, tenía al mejor marido, que dedicaba todo el tiempo necesario a su trabajo. Deseaba que las cosas siempre estuvieran en orden. En la oficina es un hombre ejemplar, cumplido, amable, responsable. Lo que nadie sabe es que en cuanto llegaba a casa, se convertía en otra persona. Indiferente, grosero, sentía que tenía el poder sobre mí. En lugar de hacerme sentir su esposa, parecía que él era mi amo y yo su sirvienta. 

Siempre proveía lo necesario

Sí, estuve casada con el marido ejemplar, ese que se encarga de que no falte nada en casa. Cada semana se aseguraba de que el refri estuviera repleto de todo lo que los niños deseaban y también de cosas que a veces no eran necesarias. Si en casa había algo que reparar, buscaba a la persona pertinente para que hiciera el mejor trabajo. Nos llevaba en carro a todas partes, se aseguraba de que estuviéramos lo más cómodos posibles a donde quiera que fuéramos. Sin embargo, parecía que no existíamos para él. Durante las reuniones de trabajo o con amigos, ignoraba por completo a sus hijos y se enfocaba sólo en pasarla bien con compañeros o amigos. 

Nos da todo, todo, incluso aunque no lo pidamos

Aún cuando su agenda estaba repleta de compromisos, se daba el tiempo para llevarnos de vacaciones a los lugares más excéntricos o costosos. Se encargaba de tomar fotos de la “familia perfecta”, aunque casi siempre se iba por su cuenta y nos dejaba sólos disfrutando de esas lujosas vacaciones. 

El mejor marido

Así es, tuve al mejor marido a mi lado. Ese hombre que se encargó de comprarme un auto para que pudiera trasladarme con los niños de un lado a otro. El que me pago clases de natación, primeros auxilios y todo lo necesario para ser la más capacitada ante mis hijos. Ese mismo hombre que se encargaba de celarme. El que se enojaba si hablaba con mis amigos, que en muchas ocasiones trató de alejarme de mis amigas. Ese que revisaba todo lo que hacía y estaba pendiente de cada movimiento que tenía. Sin duda mi marido era el mejor, al menos lo era en su trabajo. Logró un puesto importante, era respetado por todos. En la oficina era como un ídolo, porque tenía muchos reconocimientos, porque siempre tenía una enorme sonrisa con sus compañeros de oficina o porque ayudaba a cualquiera que lo necesitara. En casa las cosas eran diferentes, pues parecía que no tenía educación. Al contrario, me veía como una enemiga, yo era todo, menos su esposa.

“Cómo es posible que no lo valoraras”

Una vez que me decidí a alejarme de él, fui la comidilla de todos. Cómo es posible que dejes ir al mejor marido que te ha tocado. Muchos aseguran que me alejé porque no lo merecía, porque me fui con otro o porque quería seguir con mi vida de soltera. 

Qué fácil es ver sólo la superficie y juzgar las decisiones que tomamos. Sí, para todos él era el mejor marido, pero sólo yo sé la verdad. Sé que soy una mujer que merece algo más que sólo cosas materiales. Sé que puedo encontrar a alguien que no tenga mucho que ofrecerme económicamente. Pero que pueda ofrecerme grandes cosas de manera emocional. No quería estar muerta en vida por vivir con alguien que en realidad no me amaba sino que sólo disfrutaba del poder que tenía sobre mí.

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