Tuve un novio más chaparrito que yo y tenía alma de perro chihuahua: por todo ladraba

Porque hay que verle el lado bueno a las situaciones más precarias… ¿no? Esta es la última relación tóxica que tuve. No sé en qué momento se me ocurrió decirle que sí a este chico. Lo conocí como instructor del gimnasio al que yo iba, y la verdad es que nunca pensé que se fuera a dar algo.

De lindo a psicópata en 5 dates

Los primero dates no me dieron una señal roja de que debía correr. El trató bien a los meseros, fue a mi casa por mí y hasta pagó toda la cuenta. Me causaba mucho conflicto que fuera como seis centímetros más bajito que yo, pero me dije a mí misma que debería dejar de ser tan superficial con mis relaciones amorosas. Así que en pocas palabras me dejé llevar por el momento. Dejé de pensar en su estatura y me dediqué a conocerlo un poco mejor. Tuvimos cinco excelentes dates, en el último recuerdo haberme burlado de mi misma. Pensé que por fin estaba saliendo con un hombre decente.

Pero resultó que… ¡no!

Al sexto date me pidió ser mi novio. Yo no estaba tan convencida, pero decidí ver qué pasaba. Comencé una relación formal con este chico. El caballero de los dates anteriores pasó a convertirse, literalmente, en el patán más extraño con el que me he topado. El primer fin de semana como novios lo llevé a conocer a mis amigos. Fue claro que desde ahí debí haber huido. Toda la noche estuvo tratando de lucirse frente a mis amigos. Fue sumamente desagradable y a decir verdad creí que los nervios se le habían salido de las manos. Todo fue de mal en peor.

La relación con el perrito chihuahua

Complejo de inferioridad y mucho odio para un cuerpo tan chiquito. Me quedé impresionada cuando fuimos a un restaurante para celebrar su cumpleaños. Escogí un bonito lugar a las afueras de la ciudad. Por tanto, pagamos hotel, carretera y bueno, llegando al restaurante le pedí al mesero que me trajera un pastel al final de la comida para cantarle. Al acabar la comida, pedí una copa más de vino tinto para esperar a que llegara el postre.

¡El mesero no aparecía!

Acabé la copa de vino extra que pedí y nada. Entonces comencé a buscar con la mirada al bendito mesero que no aparecía. Este chico se dio cuenta de que yo buscaba algo y le dije que quería una copa más de vino. Desde ahí la cosa se puso extraña: él no me creyó. En la mesa aledaña había un chico al cual yo no había visto, pero mi novio pensó que yo le estaba echando ojo y en un dos por tres se levantó a echarle bronca. Yo me levanté muy desconcertada buscando al mesero. Justo cuando mi novio tenía al pobre chico agarrado por la camisa, el pastel llegó.

Los de seguridad lo sacaron

Hizo tremendo escándalo porque creyó que me encontraba coqueteando con este chico. Además de pasar por el oso de que lo sacaran los de seguridad, ni siquiera se disculpó. De hecho, afirmó que había sido yo la culpable, porque pasé toda la comida super sospechosa y había un hombre detrás de mí. Ese fue hasta el momento el peor oso de toda mi vida. Tiro por viaje, cada vez que salíamos se ponía celoso del mesero, del hombre de la mesa de al lado, del chico de la gasolinera… Uf, ese día entré en razón.

Después de escuchar sus reproches me dio un gran y tremendo ataque de risa. Ahí acabó todo. Él estaba furioso gritando y echándome en cara un montón de tonterías. Así que cogí mis cosas y lo dejé a las afueras de la ciudad. No me sentí ni una pizca culpable después de todos los osos que viví.

 

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