Todo lo que no queremos escuchar las que somos mamás

Si eres mamá, seguro en más de una ocasión has escuchado algún comentario o crítica sin que lo hayas pedido. Ya sabes a lo que me refiero: esos comentarios que pareciera más bien que están juzgando, criticando o vigilando tu labor de madre. Cansada de estos, he decidido hacer una lista de aquello que, sin duda, no queremos escuchar. Creo que es mejor que nos dejen hacer nuestra labor de madres de acuerdo a nuestras posibilidades. Pienso que es mejor que se dediquen a atender sus asuntos en vez de meterse en la vida de los demás.

Amabilidad… ¿o qué?

Muchas de las personas que se acercan a nosotras juran que es un gesto de amabilidad. Después de las barbaridades que expulsan por sus bocas, creo que prefiero que se queden su amabilidad para ellas mismas. Es mejor no permitir ningún tipo de comentario, porque una vez lo permites, no podrás quitarte de encima a esas arpías venenosas. Puedes pensar que soy bastante dramática o exagerada al expresarme, pero la verdad es que ya me cansé de escuchar cosas que ni me ayudan y hacen que entre en más conflicto.

“Mi hijo a su edad…”

Una de las cosas más comunes que nos dicen y, sin duda no queremos escuchar, es que comparen a un niño con otro. Muchas mamás tienden a comparar lo que sus hijos hacen, con las habilidades de otros niños de la misma edad. Conozco a varias que siempre están atentas a lo que mi hijo está haciendo en cierta edad, para lanzar sus comentarios. Lo malo es que siempre salen con comentarios en los que sus hijos parecen superdotados a la edad de mi hijo. Si algo he aprendido por lo que estudié de educación preescolar es que cada niño es único. Jamás compares a un niño con otro, pues sus desarrollos son distintos. Aunque tengan la misma edad, no harán las mismas cosas al mismo tiempo o de la misma forma.

“Deberías darle…”

A mi hijo le gusta comer, pero hay ciertos alimentos que come de manera peculiar. Trata de que sus comidas sean divertidas y yo no tengo problema con eso. Mientras coma, dejo que haga experimentos con su comida para que le resulte atractiva. El problema es que no falta quien se quiera meter. Sin duda, no queremos escuchar cuál es la forma efectiva de comer. Al menos no queremos escucharlo cuando en vez de sonar a sugerencia, suena a crítica.

“Está muy chiquito…”

Mi hijo es de baja estatura porque su papá y yo somos de tamaño promedio. No obstante, no falta quien haga sus comentarios al respecto. “Deberías darle este remedio para que crezca”. También me han preguntado: “¿Por qué no haces esto o le untas aquello?”. Me pregunto si no saben que el desarrollo de cada niño es diferente. En vez de estar atenta a la vida de los demás, deberían ocuparse de sus asuntos.

“Yo sé lo que te digo…”

Todas esas o esos que se meten en las vidas ajenas deberían ocuparse de sus asuntos en vez de criticar lo que hacen o no los demás. Está bien que tengan experiencia, pero también es importante que cada una de nosotras vayamos experimentando de manera propia.

¿A ti qué te ha pasado?

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