Acciones que destruyen la autoestima y te convierten en tu enemiga

Nos hablan de cómo ser feliz, qué hacer para cumplir nuestros objetivos, inclusive, de los métodos más efectivos para amarnos y respetarnos. Pero, ¿quién nos dice cuando nos rechazamos? Algunas acciones y palabras pueden ser tan obvias que no es necesario anunciarlas, pero existen ciertas acciones que destruyen la autoestima y no nos damos cuenta del daño que nos causamos. Muchas veces creemos amarnos y cuidarnos aunque no siempre hacemos lo correcto. Estaba a punto de salir de la oscuridad y comenzar a alimentar mi amor propio, valorarme y respetarme; de pronto me surgió un cuestionamiento ¿cómo sé si tengo baja autoestima? ¿qué estoy haciendo mal para autodestruirme?

Pobre de mí, nadie me comprende

Cuando comencé a analizarme con ayuda de mi psicóloga me di cuenta de que hacerme la víctima era una acción que me dañaba. Pareciera que siempre me enfoqué en justificar mis malas elecciones culpando a otros haciéndome la víctima. Buscaba la manera de culpar a otros para no hacerme cargo de mi responsabilidad. ¿Qué gané? Nada más que desvalorarme, pues me hacía sentir peor. Me sentía la persona más expuesta y débil del mundo.

Exigencias extremas

Todo tenía que hacerlo, me gustara o no. Me convertí en la persona más exigente para hacer lo que fuera con tal de conseguir lo que quería. Lo peor es que cuando lo obtenía no había satisfacción ni alegría. El logro se convertía en desdicha pues no me hacía feliz y solo lo hacía por inercia. Me exigía ser la mejor, siempre he sido cumplida pero en ocasiones exageraba.

Comparaciones basura

¿No te pasa que haces algo y piensas cómo lo habrá realizado otra persona? ¿Lo hizo mejor que yo? Estar pendiente de los demás se convirtió en una rutina, más cuando se trataba de hacer lo mismo. Es cierto, cada quien tiene lo que quiere y merece, pero yo tenía la mala manía de demeritar mis logros porque otros tenían mejores. Me di cuenta de que, a veces, hacía ciertas cosas por competencia y no por gusto.

No eres dueña de tu vida

Cada persona es dueño de lo que siente y piensa, entonces ¿por qué depender de los demás para actuar o ser feliz? Me aferré por mucho tiempo a otras personas para lograr lo que creía que quería. Permití que mis parejas y padres tomarán las riendas de mi vida por qué yo no sabía qué hacer. Aguanté tantos maltratos de mi parte que no sabía que esto solo me orillaba a tener una baja autoestima. A veces, actuamos sin darnos cuenta del gran daño que nos hacemos. Pero nunca es tarde para cambiar.

 

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