¿Qué tan cierto es que le puedes contar absolutamente todo a una amiga?

¡Peligro! Es la única palabra que puedo imaginar cuando pienso en que le puedes contar absolutamente todo a una amiga. Por supuesto que con esto no quiero decir que no existan mujeres a las que puedes contarles todo. El peligro viene cuando le cuentas cosas demasiado íntimas a quien no deberías.

Le cuento o no le cuento

En algún momento en esta vida, todas cometimos la equivocación de contarle un secreto a esa amiga que resultó ser completamente lo contrario. De aquí el issue de encontrar a la mujer indicada para que no sea capaz de contarle tus secretos a las demás personas. Dejando de lado este pensamiento tan pesimista, en realidad creo que hay mujeres a las que les puedes contar todo. Sin embargo, también se vuelve muy claro que debes aprender a identificar quiénes son las indicadas para guardar secretos.

La amiga indicada

A veces tenemos el coraje o el sentimiento de contarle a alguien lo que nos acaba de pasar. Sin pensar acudimos a la compañera de trabajo o amiga más cercana para contarle nuestras penas. Me acuso de ser una persona bastante abierta con todo el mundo, y si eres como yo, sabes bien que tus secretos están regados entre muchas personas que probablemente ni te recuerdan. Si tienes mucha suerte, muchas de ellas dejarán todo en el olvido. El problema surge cuando te encuentras con una persona con envidia.

Ese dicho tan odioso de “caras vemos…” sí, ese, tiene toda la razón. Evitar estas situaciones es de vital importancia, por ello debes asegurarte de que tus secretos estén a salvo con personas que realmente te quieran y, por supuesto, que sepan guardar secretos. Claro, no falta la amiga que te adora, pero ama más mantener a todos a su alrededor enterados del último chisme de la oficina. Consejo de vida: sé super cuidadosa con las chicas a las que les cuentas absolutamente todo.

Estamos de acuerdo en que no podemos desconfiar de cuanta persona se nos ponga enfrente. No podemos asegurar que nuestras amigas duren eternamente, aunque sería maravilloso. Solo abre bien los ojos, piénsalo dos veces. Mi abuelita decía: “Si no quieres que se sepa, no lo hagas; si no lo puedes evitar, no lo cuentes”.

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