Sufrí ansiedad durante mucho tiempo y no, no es nada padre

Hace algún tiempo yo sufrí ansiedad y no lo sabía. La verdad es que con tantas prisas y cosas en la mente, me olvidé de mí. Sí, me refiero a que dejé de prestarle atención a las señales que mi cuerpo enviaba. En realidad me estaba olvidando por completo de mí. No fue hasta que mi terapeuta lo notó, que pude hacer algo al respecto. El hecho de no parar un solo momento estaba afectando mi salud y no me había percatado de ello. Cuando descubrimos qué era lo que pasaba, pude ser consciente de todo el daño que me estaba causando la ansiedad. Te cuento cómo fue que mi terapeuta lo notó.

Demasiada planeación

Para mí siempre era mejor tener todo en orden. No me gusta hacer las tareas sin tener un plan de cómo o para qué hacerlo. Debo aceptar que es algo en lo que sigo trabajando hasta el día de hoy. La terapeuta me explicó que está bien hacer planeación, pero que tampoco debo exagerar.

Querer controlar todo

La verdad es que yo soy una chica a la que le gusta que las cosas se entreguen en orden. No me gusta llegar tarde a ningún sitio y cuando es posible termino mis labores en el mismo día. Recuerdo que cada vez que tenía que trabajar en equipo, para mí era un verdadero dolor de cabeza. El hecho de ver la desidia de mis compañeros me causaba un gran conflicto. Luego de explicarle esto a mi terapeuta, se dio cuenta de la primera señal, aunque en ese momento no me dijo nada. Quería descartar otras opciones y para eso tenía que saber más de mí y de mi estilo de vida.

Me preocupaba por todo

Suena incongruente, pero incluso planeando todo me preocupaba que las cosas no salieran como yo quería. Cuando le conté esto a la terapeuta, me dijo que tal vez estaba sufriendo ansiedad. Yo inmediatamente le dije que no, eso no tenía nada que ver conmigo. Sin embargo, todo me preocupaba, me incumbiera o no.

Dolor corporal

Luego de unos meses, comencé a sentirme cansada. Me dolía muchísimo la cabeza y también la espalda. Jamás lo relacioné con la ansiedad. Pensaba que se trataba del cansancio del día a día. Ya en ese momento la terapeuta había encendido el foco rojo de que algo más pasaba conmigo, pero quería estar segura de su diagnóstico. Ella atribuía mi malestar corporal a lo mismo, pero yo le quería llevar la contra.

Insomnio

 

Además, por las noches me costaba mucho trabajo dormir. Así estuviera muy cansada, apenas ponía la cabeza en la almohada comenzaba un cuento de nunca acabar. No podía dormirme. Pasaban las horas y yo seguía esperando poder dormir. Daba vueltas y vueltas en la cama. Mi mente me traicionaba, pues pensaba en tantas cosas que en lugar de cansarme, parecía que se activaba la pila de nuevo.

Falta de atención

Cuando empecé a tener problemas para dormir, también los tuve para concentrarme. Sin importar en dónde estuviera, parecía que estaba atenta a lo que sucedía, cuando en realidad no era así. Luego las cosas comenzaron a salirme mal debido a que no estaba concentrada en nada al 100 %.

Estrés ante la incertidumbre

El estrés fue el último signo que le indicó a mi terapeuta que las cosas no iban bien. Me sentía preocupada por lo que aún no pasaba. Me generaba un gran conflicto y eso hacía que me sintiera bastante extraña. Una vez que mi terapeuta notó todo eso, iniciamos una nueva terapia para ayudarme a controlar todo eso. Al principio me costó mucho trabajo dejar de ser tan controladora. Poco a poco lo he logrado y he notado mejorías en mi vida.

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