Soy una mamá que trabaja y a veces me siento culpable cuando dejo a mis hijos

Puedes identificar perfectamente a las madres que trabajan. Se levantan más temprano que nadie en la casa a preparar cajas de lunch para hijos y de paso al marido. Es la que más tarde se acuesta, la que pasa corriendo al colegio a dejar a sus hijos y regresa cuando estos ya están terminando la tarea o a veces cuando ya están dormidos. Cuando regresé al trabajo, parte de mí estaba irradiando felicidad, pero la otra parte estaba sintiéndose muy pero muy culpable. Ser mamá que trabaja nunca es sencillo.

El desayuno, la colada y la culpabilidad

Sinceramente es sencillo sentirte culpable cuando eres mamá y sales ganarte la vida. Al principio sentí que estaba abandonando una parte de la vida de mis hijos y creí que una parte de mí siempre se iba a arrepentir de no estar presente durante las tardes para hacer tarea con mis hijos. Por fortuna, una amiga que es terapeuta me ayudó en este momento de desesperación. Un día platicando de esto y nada comencé a contarle todas mis preocupaciones, como es usual en mí terminé llorando. Mi amiga, que es como una ángel en mi vida, me dijo que ser una mamá trabajadora no iba a acabar con mi maternidad, que mis hijos no iban a odiarme y tenía que encontrar la forma de sentirme bien con la nueva situación.

Porque no todas podemos darnos el lujo de ser amas de casa

Lamentablemente cuando estuve de mamá a tiempo completo los ingresos no nos alcanzaban. Estaba harta de ver a mi esposo contando monedas para subirse al transporte público por la noche, veía en sus ojos el cansancio y yo quería ayudar a mi marido. Mi amiga me explicó que no toda la culpa era mala y que a veces sentirnos así, era bueno. Ya que se convertía en un excelente motor para lograr un montón de cosas. Nos ayuda a ser más comprensivas.

Comprendí que nadie puede ser una mamá perfecta

Muchas noches me metí en el baño a llorar unos minutos porque no sabía ni qué demonios estaba haciendo. Cuando mi hijo de dos años lloraba y pataleaba, al mismo tiempo que mi hija quebraba la vajilla traída de Alemania por mi suegra mi mente decía: “Eres la peor madre que existe y además te vas a ir a trabajar”. Después de contarle a mi amiga ella me hizo recapacitar. Era totalmente cierto, los niños gritan, rompen cosas y a veces pelean a gritos con sus padres. Eso no significa que estés llevando a tus hijos a la peor de las vidas. Significa que tienes dos humanos que educar. Poco a poco con algo de disciplina van a dejar de romper cosas y dejarán de gritar. Al ser una mamá que trabajaba mi estrés aumentó pero mi paz mental se fue equilibrando.

Las primeras semanas quería morir

Regresaba a casa a ver un verdadero desastre de juguetes tirados, cena en la mesa, marido en el sillón y camas destendidas. Así que después de querer ser la mujer maravilla y desvelarme una semana para limpiar y hacerle de mamá heroína, me rendí. Pedí ayuda y contraté un servicio de limpieza. No intentes hacerlo todo sola, acostúmbrate también a tolerar cierto nivel de desastre. Esperar que una casa con niños esté impecable es como pedirle a los duendes que vengan a asustar a tus hijos cuando hacen una fechoría. Eso no va a pasar.

Críticas “constructivas”, olvídalas

Aprendí también que te van a criticar por absolutamente todo. Cuando era mamá a tiempo completo me criticaban por tener la casa patas para arriba. Luego, cuando fui mamá que trabajan por dejar a mis hijos desprotegidos. Cuando me convertí en freelancer, cuando intenté tener un negocio, cuando no llegaba a las juntas de padres, cuando quemé la tarea de dinosaurios de mi hija. Con los años dejé de tomar tan en serio las críticas.

Ser mamá que trabaja no afectó a mis hijos, creo que al contrario. Los convirtió en adultos más responsables. Mi ejemplo le sirvió a mi hija a conseguir una carrera y estudiar una maestría en el extranjero. Ahora que ya están grandes y cada uno tiene su vida, me río de esa mujer en chongos llorando en el baño. Afortunadamente tuve a una  amiga que me dijo que todo iba a estar bien.

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