Siempre llega ese día, en el que entiendes a la perfección a tu mamá

Cuando era más chica, recuerdo que escuché muchas veces a mis tías presumir que no se parecían en nada a mi abuela. De hecho, hasta parecía que se sentían bien de no tener ningún comportamiento parecido a los que ella demostraba. No voy a negar que i abuela en más de una ocasión fue canija, pero con el paso del tiempo comprendí el por qué se comportaba de esa manera. Lo más curioso es que conforme pasaron los años y mis tías siguieron haciéndose mayores, terminaron convirtiéndose en eso que tanto juraron destruir. Les gustara o no, comenzaron a parecerse más y más a mi abuela (no físicamente, pero sí en su forma de comportarse). Sin embargo, en este punto, ellas ya no eran conscientes de eso. De hecho, sentían que sólo ellas tenían la razón. Algo comprobé ese día, cuando llega ese día en el que te pareces tanto a tu madre; lo mejor que puedes hacer es agradecer lo que te dio, comprender y no juzgar.

Llega ese día…

Aunque lo impidas y hagas miles de conjuros para que eso no suceda, tengo que decirte que sucederá. Llega ese día en el que empezarás a usar esas expresiones que la caracterizan. En más de una ocasión te escucharás tal y como ella. No te enojes, mejor sonríe porque una parte de tu madre está contigo. También podrás notar que al arreglar la mesa para comer, haces algunas cosas de la manera en que ella las ha hecho. Incluso el orden en que lavas tus trastes, o la manera en que lavas tu ropa. Todo lo has ido aprendiendo de manera subliminal. 

Tan parecidas

Como dije, no te sientas mal de parecerte a tu madre; al contrario, es un honor. Muchas mujeres quisieran haber compartido un poco más con sus madres. Les hubiera gustado tener un baile más con ella, cantar con ella una canción más o correr a sus brazos cuando sentían que el mundo se les venía encima. Tú aún tienes a tu madre, disfrútala, aprovéchala y ámala con locura; porque cuando se vaya, se irá en un viaje sin retorno. 

Al fin te han quedado esos zapatos gigantes

Después de muchos años y muchos intentos porque sus bellos zapatos te quedaran, notas que al fin te quedan a la medida. Ahora ya no sólo te quedan, sino que de una manera u otra has seguido sus huellas, logrando llegar hasta donde te encuentras. En este punto, has comenzado a comprender el por qué de muchas cosas que hizo. Ahora todo tiene sentido, desde los límites o los regaños que en algún momento hizo. A estas alturas, ya no se trata de criticar o juzgar, se trata de agradecer porque tu madre te sacó adelante de la forma que pudo. Nadie le enseñó cómo tenía que ser mamá, pero aún con todo eso se sacrificó para lograr que tú estés en donde te encuentras ahora. Mamá siempre estará contigo.

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