Sí, soy mamá y me quejo de mis hijos… No pretendas juzgarme, porque sé que tú también lo haces

Estoy cansada de tener que fingir que soy una madre estrella. Cansada de que todos pongan demasiadas expectativas sobre mí. De que me exijan que sea siempre el mejor ejemplo a seguir. No niego que doy mi mayor esfuerzo, pero aunque hago lo que puedo, sé que no siempre hago lo mejor. Tampoco siempre tengo la razón. Soy humana, me canso, me enojo y aunque fue mi elección el tener hijos, no voy a negar que algunas veces me quejo de ellos o mejor dicho, de su comportamiento.

Sí, ya sé que me echaré a muchas mujeres encima

La primera vez que me quejé de mis hijos en público, fue con algunas compañeras del trabajo. Recuerdo que ninguna de ellas dijo nada. Simplemente me miraron con caras extrañadas, pero ninguna secundó mi opinión. Era como si sus hijos nunca hubieran cometido algo que las hubiera sacado de quicio. Luego de eso, en los baños, varias de ellas comenzaron a hacer comentarios sobre lo que yo había dicho. (Obvio ellas no sabían que yo las estaba escuchando). Una de las cosas que recuerdo perfectamente que dijeron fue “cómo es posible que ella se exprese así de sus hijos”, “qué clase de madre es, que dice que sus hijos le han hartado”. Decidí esperar un poco antes de salir del baño, pero sus caras al verme salir de los sanitarios fueron algo que jamás olvidaré. Además, me cayeron mal por hipócritas, por quererse ver como las madres perfectas, cuando es un hecho que ninguna de nosotras lo somos. ¿Estás de acuerdo conmigo?

Niños delatores

La mejor parte vino, cuando un día fue al trabajo el hijo de una de esas compañeras que me juzgaron por la forma en que me quejo de mis hijos. El niño, de la forma mas natural, intervino en una plática en la que se hablaba de las locuras que hacen los niños y cómo nos expresamos nosotras de ello. De la nada se le salió un comentario en el que dijo “ah, sí, mi mamá nos ha dicho que somos los peores niños del planeta”, “mi mamá nos ha dicho que nos va a cambiar por otros hijos más tranquilos para que no tenga que gritar tanto”. Cuando la mamá escuchó eso, se puso roja como tomate. Yo no dije nada, sólo reí por dentro en silencio, pues sabía que no soy la única que me quejo de mis hijos.

Hay que aceptar la realidad

En este punto de la vida, hay que aceptar que por ser mamás no significa que tengamos todo el tiempo una enorme sonrisa en nuestros rostros. Muchas veces nos sacarán de quicio los hijos y eso es normal. Somos seres humanos, que nos enojamos, a veces llegamos cansadas o hay veces en las que quisiéramos 5 minutos sólo para nosotras. Así que no me juzgues si me quejo de mis hijos. Si no quieres apoyar mi postura, al menos no me critiques, pues finalmente la única que sabe por lo que pasa en casa, en el trabajo y en su vida de madre soy yo.

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