Sí, ser madre fue mi elección, pero hay veces en las que quisiera que las cosas fueran diferentes

Antes de que empieces a criticarme o decir que no tengo nada de qué quejarme si yo fui la que quiso tener hijos, es importante que medites lo que tengo que externar. Nadie nos advierte de qué va la maternidad. Incluso nuestra madre, tampoco tiene idea de cómo nos irá. Tus amigas, vecinas y familia podrán darte consejos sobre lo que debes (o no) hacer, pero habrá momentos en lo que lo que a ellas les funcionó, a ti no. Si, ser madre fue mi elección, pero también hay momentos en los que quisiera cambiar un poco las cosas, o mejor dicho, mi vida.

No sabía a lo que me enfrentaba

Aunque tenía los mejores consejos para que mis hijos durmieran lo suficiente, hubo más de una ocasión en que las cosas no sucedieron así. Principalmente cuando están enfermos. Uno podía no estar sufriendo, pero de escuchar al hermano llorar, se unía en su orquesta de llanto. También los momentos de lactancia al principio eran un martirio. Cada niño se acostumbró a una teta en específico y cuando los cambiaba para descansar un poco, no se acomodaban. Era una ardua lucha para que pudieran alimentarse. En todos estos casos, hubiera querido cambiar un poco mi libreto de vida. Sí, como dije, tenía muchos consejos de mi madre, pero mi madre no había tenido gemelos. 

Comencé a dudar de mí

Trataba de dar lo mejor de mí, pero las cosas cada vez parecían ponerse más en mi contra. Luego de que ellos nacieron, me sentí más sola que nunca en la vida. Tenía a mucha gente a mi alrededor, apoyándome como podía con mis dos pequeños. Mi esposo estaba ahí, haciéndose cargo de sus hijos. Pero aún con toda la tropa cerca de mí, parecía que estaba en un callejón sin salida. En ese momento comencé a vivir la bendita depresión post parto. Tan mal estaba, que incluso dudé de mi capacidad maternal. Veía a otras mujeres haciendo tan bien su trabajo de madres, que pensaba que yo no era buena. Además, me estaba alejando de mi esposo. Él entendía que yo necesitaba tiempo para reencontrarme. Pero yo más bien, me alejaba más y más. 

Todos creen tener la razón

Sé que fue mi elección, pero a veces tenía que pedir ayuda cuando ya no podía más. Lo malo es que los demás siempre creen tener la razón. No podía pedir un consejo, cuando ya tenía a todo el mundo criticando la forma en que yo lo hacía. (¡Oye, tranquilo, sólo pedí un consejo, no un juicio!)

Fue mi elección, pero ¡ya no puedo!

Como dije, tener hijos fue mi elección. Sin embargo, yo, que juraba ser la más amorosa y comprensiva, no lo fui. Conforme crecían, más de una vez perdí la paciencia y algo que comenzaba con un “siéntate por favor”, terminaba con gritos y desesperación. A veces lo único que quería al llegar a casa, era sentarme a ver un momento la tele. Pero ya ni eso podía hacer, pues tenía que estar al pendiente de lo que mis hijos hicieran. Lo más feo en todo esto, es que hay muchas mujeres en la misma situación que yo. O sea, somos madres. Pero en lugar de apoyarnos en lo que podamos, tendemos a criticarnos, tirarnos tierra a más no poder. “Que si fulanita esto, que si fulanita lo otro”.

A veces lo único que libera es el llanto y está bien. Créeme, no es bueno que te quedes nada dentro. Después de llorar, notarás que las cosas mejoran y se libera ese gran peso en tu ser. Sí, la maternidad es grandiosa, pero nosotras no somos invensibles ni la maternidad es perfecta. 

Este video te puede gustar