Si quieres llevar la fiesta en paz, no busques al demonio de tu suegra

Las suegras son seres que a vista de muchas y muchos de nosotros, son los peores seres sobre la Tierra. En realidad, creo que sólo se trata de ideas, pues sí, hay suegras muy malvadas, pero no todas lo son. Sin embargo, dejando de lado eso, creo que hay que llevar la fiesta en paz con ella, pues es una mujer con la que compartirás algo más que el amor que tienen por un mismo hombre. Te lo digo por experiencia y te contaré mi experiencia. Además, ponte a pensar que en algún momento tú podrías también ocupar el mismo sitio y no te gustaría que te tacharan de la más malvada, ¿o sí?

No necesitamos tu ayuda

Cuando yo conocí al que ahora es mi esposo, pensé en todo, pero lo único que no consideré fue que tendría que lidiar con su madre. Como dije, en un principio, nos pintan la idea de que la suegra siempre es la mala. Por error, yo llegué con esa idea y con las uñas en señal de defensa. Sin siquiera conocerla, comencé a juzgarla y ahí comenzó mi perdición. Mi novio llegó un día por mi y me dijo que iríamos a casa de su mamá para que la conociera. Sentí que la piel se me erizaba, pero bueno, era algo que debía afrontar. Ya era un año de noviazgo y ya era momento de ponerme en contacto con la que parecía, sería mi familia política. Al llegar a su casa y en muchas otras ocasiones, ella trató de apoyarnos, pero yo siempre me negué. No quería su ayuda, no quería que se metiera en nuestros asuntos. Sentía que si la dejaba en ese momento, se tomaría el atrevimiento de hacerlo en muchas otras ocasiones.

Mi mamá lo hace mejor

Además, pensaba que mi mamá hacía mejor muchas otras cosas. Tontamente empecé a construir una barrera entre la señora y yo. Una barrera que bien pudo no haber existido en ningún momento. Por fortuna, no cometí el error de decirle eso a mi pareja, pues sino, tal vez hubiéramos terminado en ese mismo momento.

¿Por qué no me quiere?

Conforme fue pasando el tiempo, yo notaba cierto recelo de ella hacia mi, pero jamás lo relacioné con la actitud que yo había tomado. Cuando su hijo anunció que nos casaríamos, no la notaba tan contenta. Un día, sin más, la encaré y le pregunté por qué tenía esa actitud conmigo. Ella me miró tan extrañada que parecía que lo que había preocupado era una tontería. Ella me habló sobre el comportamiento que yo había tenido desde un inicio y que debido a eso fue el modo que ella empezó a tener conmigo. Gracias a que hablamos a tiempo, logramos limar asperezas para que todo saliera bien el día de la boda. Yo también me había dado cuenta de todos los errores que había cometido por juzgarla sin conocerla.

Ahora, con el paso de los años, hemos hecho una relación muy bonita en la que nos apoyamos la una a la otra y mi esposo se siente feliz de ello.

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