Sexo por primera vez después de un divorcio, ¿qué hacer?

Para este entonces ya todas conocen algo de mi historia amorosa. No obstante, si esta es la primera vez que me lees, quizá deba ponerte un poco al tanto. Tuve un noviazgo de casi nueve años y, como es de esperarse, la separación fue prácticamente como un divorcio… Luego de una experiencia así, retomar la vida de soltera no es fácil, pero hay algunas recomendaciones que podrían servirte si estás en este caso.

La recuperación

Después de nueve años de ser una pareja fiel, la idea de volver a salir ya era difícil. Y más pensar en la decisión de tener relaciones con alguien más. Debo decir que al principio la sola idea de tener sexo por primer vez después de una relación de muchos años era realmente aterradora. En mi relación pasada afloraban muchas inseguridades en mí cuando se tocaba de este tema. Pasé mucho tiempo pensando en este tema conforme los meses de duelo transcurría, pues era algo que realmente me aterraba… Pasaron unos nueve meses antes de que pudiera salir con alguien de forma romántica.

Explorando nuevos terrenos

La verdad es que durante años fui una chica muy tradicional. Jamás engañé a mi novio y él fue el único que conocí desde la adolescencia. Así que en, pocas palabras, no tenía mucha experiencia en este ámbito. Cuando empecé a salir con alguien más, tuve muchos sentimientos encontrados. En parte me sentía super culpable por lo que estaba haciendo, pero sabía que no podía echarme para atrás. Mi relación había terminado y tenía que seguir adelante. Encontré a un chico con una sonrisa hermosa que poco a poco me fue llenando de alegría. Pasaron algunas semanas antes de qué el intentara llegar a la segunda base…

Fue como quitarse un curita

Ahora que lo pienso,  la experiencia fue mucho más difícil en mi mente, de lo que fue ya en la práctica. Cuando este nuevo amor intentó pasar a segunda base, el miedo comenzó a flotar en mi mente. Me di cuenta de que mi relación en realidad había acabado. Quizás parezca lo más anormal de la vida, pero durante muchos meses me sentí flotando en una nube intermitente en la que la realidad se veía lejos. Tener a este nuevo amor tan cerca de mí, compartiendo la intimidad que solo había compartido con mi antiguo amor causo un shock en mi mente.

Y entonces fue como en una mala película

Lloré. Pero no fue ese llanto típico de las películas románticas. Realmente creo que mi pareja en ese entonces ni siquiera lo notó. Debajo de mi melena oscura, tres lágrimas rodaron por mis mejillas mientras me dejaba llevar por el momento y mi mente divagaba en un mar de recuerdos. La vida de una mujer no es nada sencilla, es lo único que pensaba al estar acostada con mi nuevo amante. Puede que no haya sido la mejor primera vez, pero me liberó.

De mí misma

Durante mucho tiempo creí que iba a quedarme con un solo hombre el resto de mi vida. A esta decisión había llegado a muy temprana edad y aunque recibí mil críticas al respecto, ahí me encontraba en ese momento. Con los ojos abiertos y la mente dispersa, pensando en que la prisión que había construido alrededor de mi antigua relación se iba desvaneciendo poco a poco. No sé cómo explicarlo, pues si bien me sentía culpable parte de mí volvió a nacer.

La relación no funcionó

Pasados los meses, me di cuenta de que esta nueva persona nunca cumpliría las expectativas que yo tenía de una buena relación. Y a pesar de eso me encuentro completamente agradecida con ese pequeño amor por haberme liberado. Es extraña la forma en la que nos comprometemos las mujeres a veces. Nos forzamos tanto para cumplir las expectativas que dicta el amor que se ve en las películas y se lee en las novelas románticas, que olvidamos el amor propio. Aunque no tuve una mala relación esos nueve años, parte de mí siempre pensó que eso era todo. Vivir al lado de un solo hombre suena bastante romántico para muchas chicas.

Ser parte de una fantasía puede ser la cosa más cansada de este mundo. Al final, agotada de mis ideas ridículas sobre lo que era el amor, terminé soltando unas cuantas lágrimas en mi primera vez con alguien más después de lo que para mí se sintió como un divorcio.


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