Ser mamá soltera implica el doble de todo, pero creo que vale la pena

Recuerdo que desde que era pequeña, admiraba toda la labor que hacía mamá. Papá trabajaba todo el día fuera de casa y por lo que yo veía, creía que la que hacía todo siempre era ella. Sin embargo, conforme fui creciendo me di cuenta de que no era así. Por muy poco que estuviera papá en casa no significaba que él no participara en las labores del hogar y de la familia. Ahora, como mamá soltera, comprendo que su trabajo (de ambos) siempre fue bueno, y me queda claro que ser sólo tú la responsable de una familia implica el doble de todo.

Entre dos todo es más fácil

Cuando conocí al padre de mis hijos, nos casamos y teníamos muchos planes en pareja. Todo era maravilloso y jamás creí que dejaría de ser así. Luego de que nos fuimos a vivir juntos, la vida parecía sencilla. Todo lo hacíamos entre los dos: las actividades de la casa y otras labores. De esa forma, ni se sentía que teníamos que hacer tanto trabajo. Uno lavaba ropa mientras otro limpiaba la casa. Él hacía de comer mientras yo lavaba los trastes o viceversa. Después de unos años, nos convertimos en padres. Pasaba lo mismo con los hijos, pues él se encargaba de hacer la tarea con ellos y luego yo los bañaba, o al revés. Siempre nos dividíamos las labores del hogar y de la familia y todo era más sencillo. Jamás imaginé que un día, de la nada, iba a dejar de ser así.

Él se fue

Cuando él tomó la decisión de irse de la casa, aseguraba que no era porque tuviera una nueva pareja o peor aún, una nueva familia. La verdad a mí me quedó la duda, pero no hice nada por averiguar si eso era cierto o no. En ese momento sabía que tenía algo más importante que hacer. No podía dejar a mis hijos a la deriva, aún con el dolor, tenía que seguir adelante por ellos y por mí. Jamás imaginé lo que me esperaba. Al principio, debo reconocer, lo aborrecía tanto. Lloraba por las noches y pedía que jamás se hubiera ido. Tenía miedo de no poder salir adelante con mis hijos.

Doble de todo

Ahora como madre soltera, debo reconocer la gran labor que hacen todas las mujeres que están en la misma situación que yo. Comencé a entender que siempre tendría que hacer el doble de todo. Ya sabes, ya no era sólo cosa de encargarme del aseo de mis hijos, también tenía que hacer el aseo de la casa y de los trastes y de la ropa. Si antes podía acostarme a buena ahora, en esta realidad ya no era posible. Conforme mis hijos han ido creciendo, los he ido educando a modo de que ellos también participen en las labores del hogar, pues todos vivimos bajo el mismo techo. Yo no tengo porque ser la única encargada de lavar o dejar lista la comida. Es un asunto que a todos nos compete.

Gracias por irte

Ahora, ya con mas calma, tengo que agradecer al que era mi marido por haberse ido. Sí, me ha costado mucho trabajo, pero he ido saliendo adelante y mejor que antes. Mis hijos han aprendido muchas cosas que de otro modo no hubieran experimentado. Yo también lo he hecho y aunque sí tengo que hacer doble de todo, sé que lo vale. Mis hijos han aprendido lo más importante: que a pesar de cualquier adversidad no me daré por vencida con tal de apoyarlos.

Este video te puede gustar