Ser mamá significa volverlo a intentar cada día

Como mamá, es normal que cada día que sientes que ha salido mal, sientes que has fallado. No tiene nada de malo que quieras volverlo a intentar a la mañana siguiente. Créeme, no eres la única que ha perdido la paciencia o no ha tenido el tiempo suficiente para atender a los hijos.

La realidad de toda madre

Ver a los hijos dormir es placentero, disfrutar de sus caritas tranquilas, escuchar sus latidos y sus respiraciones. Sin duda es un espectáculo que vale la pena por completo. Aunque debería ser un momento de deleite, también suele ser un momento de culpa. Ya sabes, porque al verlos dormir nos sentimos orgullosas de los hijos que tenemos. Pero a la vez nos sentimos un poco mal por haberles gritado, por no haberles dejado comer esa golosina o porque no hacían caso y tuvimos que llamarles la atención. Si, señoras y señores, eso es la maternidad. Ahora compruebas que no eres la única que se siente así cada noche, luego de un arduo día.

Cada día hay que volverlo a intentar

Es normal que perdamos la cabeza de vez en cuando. Créeme, no eres la única que se ha enfadado sin razón aparente, que ha gritado porque siente que ya no puede más. Por desgracia esa culpa nos acompaña toda la vida y aunque somos conscientes de ella, hay momentos en que olvidamos todo y sólo nos dejamos llevar por nuestras emociones. Si, la paciencia es lo que solemos perder primero cuando tenemos tantas cosas por hacer. Atender hijos, hacer la comida, cumplir con el trabajo. Es bastante desgastante y a veces sofocador.

Se vale querer ser la mejor mamá

Tal vez el sueño de todas nosotras, luego de perder la cordura, es poder ser las mejores mamás. Pedimos, rogamos y suplicamos porque el enojo no se apodere de nosotras, porque tengamos la paciencia necesaria para las travesuras de los niños. Queremos ser el mejor ejemplo y ese lugar seguro al que los hijos deseen regresar siempre. Déjame decirte algo. Somos seres humanos y es normal que nos sintamos mal, que perdamos la paciencia, que sintamos que ya no podemos más. Además, créeme, no todo lo que haces es malo. Lo malo es que sólo nos fijamos en esos detalles que nos hacen sentir culpa. También piensa en todas las veces que has jugado con ellos, que les lees cuentos con voces graciosas. Que preparas sus platillos favoritos y que los sorprendes con besos todas las mañanas. Créeme, todo eso se queda grabado en sus corazones.

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