Señales con las que aprendí a reconocer a los patanes

La vida está llena de aprendizajes y muchas veces donde menos esperamos, encontramos algo que nos ayuda a ver la vida con una nueva perspectiva. El amor nos da muchas herramientas sobre lo que queremos y no al relacionarnos con alguien. Sin duda, es un sentimiento maravilloso y ¡que mejor cuando es correspondido por esa persona que tanto queremos! Es importante tener en mente que no siempre funcionan las cosas como deseamos y que no todas las personas son tan buenas como nos gustaría. Así como conoceremos personas maravillosas, también conoceremos a otras que no valen la pena. Aprender a reconocer a los patanes me ha ayudado mucho, pues así tengo una idea clara de lo que podría permitir o no en mi vida. Así sé que cuando decida estar con alguien, será porque esa persona realmente vale la pena.

Un hombre = un aprendizaje

Quizá después de vivir una decepción nos sintamos mal. Sentimos enojo, decepción, ira y otras muchas emociones. Lo importante es tomar la experiencia como un aprendizaje. Sé que suena complicado, pero es mejor verlo de esta forma en vez de lamentarnos por lo sucedido. Eso he aprendido yo; sobre todo con los hombres. A veces había decidido abrir de nuevo mi corazón, pero ya notando ciertas señales, prefería no hacerlo. Es mejor salir corriendo cuando aún hay tiempo, antes de que sea demasiado tarde. ¿No crees? Con el paso del tiempo y las experiencias que he tenido en asuntos del corazón he aprendido a reconocer a los patanes. Agradezco esto, pues así he podido liberarme de más de uno. Te cuento lo más destacado.

Te hablan de otras chicas

La señal más evidente para reconocer a los patanes es que cuando sales con ellos, hablan de otras chicas. Algunos lo hacen de forma negativa y se expresan muy mal de ellas. Creo que hacen eso porque están enojados de que las cosas no hayan funcionado como ellos esperaban. Terminan haciéndose las víctimas y pretenden que ellas queden como las malas del cuento. La realidad es que el hecho de que hablen mal de ellas, los deja peor a ellos. Otros no hablan mal de otras mujeres, pero no creo que sea lo más respetuoso. Si estás saliendo con alguien, no te va a gustar escuchar que habla de sus otros ligues o parejas. Al menos en ese momento no es lo más conveniente.

Presumen ser los mejores en la cama

El ego muchas veces nos domina y nos hace hacer o decir cosas que a veces sería mejor omitir. Aunque sepamos que somos buenos en algo, es mejor mostrarnos humildes. Una cosa es que nosotros nos consideremos buenos, pero eso es desde nuestra perspectiva. La mirada de los demás puede tener una crítica completamente diferente a la nuestra. Puedes reconocer a los patanes porque presumen ser los mejores en la cama. Te aseguran que jamás has tocado el cielo como lo harás con ellos. Lo malo es que en muchos casos, sus palabras se quedan muy grandes comparadas con lo que realmente demuestran.

Piensan primero en sus necesidades

Un verdadero patán, sin duda, pondrá siempre sus necesidades por encima de cualquier cosa o persona. No necesitas decirle que sí para darte cuenta de ello. Si han decidido salir a cierto lugar o tú deseas que hagan un plan específico, siempre notarás que él se muestra indispuesto. Sin embargo, cuando se trata de algo que él desea, siempre insiste en que lo hagan. En pocas palabras, solo busca lo que le conviene a él y lo demás le da igual.

Muestran conversaciones con otras chicas

Hace poco conocí a alguien con quien creí que las cosas podían funcionar para algo más serio. Salíamos y nos divertíamos y todo parecía ser color rosa. Una vez, el hombre en cuestión quiso quedar bien conmigo e hizo algo que me despertó una alerta mental de “¡cuidado!”. Pensó que mostrarme una conversación con otra chica, haría que yo me sintiera en confianza con él. En la parte de la conversación que me enseñó, él hablaba de que era hombre de una sola mujer y que estaba interesado sólo en estar conmigo. Las cosas se pusieron tensas a partir de ese momento, aunque no dije nada aún. Luego de unos días, volvió a hacerlo con la idea de que eso me daría la confianza para decirle: “Sí quiero ser tu novia”. Grave error, pues lo único que consiguió fue que me alejara de él. Ese tipo de conversaciones no se enseñan ni con la mejor de las intenciones, ¿o sí?

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