Cómo se siente regresar el anillo de compromiso

Porque compromiso no es lo mismo que amor, regresar el anillo de compromiso es una de las cosas más difíciles que puede hacer una chica. Sin embargo, quien decide dejar atrás ese compromiso sabe que las razones fueron suficientes para girar el timón a otro lado. La decisión de dejar al hombre que me propuso matrimonio no fue nada fácil, pero ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida. Pasé siete años en un noviazgo muy convencional. Mi familia tan tradicional esperaba que a los 30 ya estuviese casada y con hijos. No obstante, la vida es la mejor maestra y supo cómo interponerse a cada paso de la desastrosa decisión que tomé de unirme a este hombre.

Un poco de mi noviazgo

Te cuento un poco de los antecedentes del evento en cuestión. Debo decir que nunca me sentí muy entusiasmada con el hombre con el que estuve siete años. Lo conocí por algunas amigas y en poco tiempo de salir con él terminé aceptando el noviazgo. No estaba mal, él era atento y amable conmigo, me hacía reír en muchas ocasiones. No obstante, aunque lo quise muchísimo nunca logré enamorarme por completo de él. Así pasaron los años y sus padres conocieron a los míos. Era un noviazgo con rasgos tan formales, que hasta mi mamá lo invitaba sin preguntar a las reuniones familiares.

La pedida

Ya les conté que mi familia es super tradicional, así que con el anillo de compromiso vino la pedida de mano. Ah… y por si se preguntan cómo fue que me dio el anillo. Fue algo tan X que ni siquiera vale la pena mencionarlo. Dejémoslo en que fue una típica pedida de mano con el anillo en un fondant de chocolate. Después, él tuvo que ir a mi casa con toda mi familia presente a pedir mi mano. No tuve mucho que decir en el asunto, como si fuese una dama de la edad medieval. Mi papá y mis tíos le dieron permiso a mi entonces novio de desposarme.

El terror

Hasta el momento había tenido muy pocos altercados o enojos con mi prometido. En todos los años juntos hubo pocas discusiones. Sin embargo, cuando comenzamos a planear nuestra vida juntos, la relación comenzó a despedazarse. Su visión de la vida, o al menos la que él me había planteado años atrás, no era nada comparada con la que me pintaba en este momento. Él quería llevarme a vivir a casa de sus padres y no conforme con eso buscaba que parte de mis ganancias de trabajo fueran directamente al rancho que tenían. Ese fue solo el inicio de una serie de circunstancias que para mí eran simplemente intolerables.

La familia a veces no ayuda

Con toda la pena de este mundo y tras pasar dos semanas en vela pensando en el futuro, tomé una decisión que cambiaría el rumbo de mi vida. Un mes antes de la boda, con el salón rentado y el vestido ya elegido, fui a casa de mi prometido a devolver el anillo. No fue nada sencillo explicarle cómo su visión de la vida no iba para nada con la mía, ni tampoco porqué tardé tanto tiempo en aceptarlo. En mi afán de seguirle la corriente a mi familia y vivir “tranquila”, dejé de ver por mí misma. Regresar el anillo de compromiso fue más un golpe a su ego que a su corazón. Estoy convencida de que lo que había en la relación nunca fue amor.

Fue un despertar

Contarles todos los acontecimientos sería como revelar parte de una mala novela trillada. Sin embargo, la vida pocas veces se equivoca y definitivamente le estoy agradecida por sacarme casi a golpes de ella. Regresar el anillo de compromiso me liberó, me dio paz y entendimiento. Pasé muchos meses en duelo a causa de mi ruptura, pues no solo tuve que lidiar con el hecho de haber pasado siete años con alguien que no amaba, si no también con los comentarios y juicios externos.

El día de hoy me encuentro sola y con un futuro delante de mí. Orgullosa de saber lo fuerte que fui al regresar el anillo de compromiso, pues ¿que sería de un matrimonio sin amor de por medio?

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