Sabias palabras de mamá: caerse (en la vida) está permitido, rendirse ¡NO!

Las palabras de mamá jamás se olvidan, tal vez porque ella es la primera persona con la que tenemos contacto. De esa relación depende el cómo nos desenvolveremos en el mundo. En mi caso, doy gracias por todo lo que mi madre me ha enseñado, pues si algo me ha quedado claro es que podré sentirme triste, podré pensar que no puedo más, pero nunca debo rendirme, así me cueste mucho trabajo, debo continuar. 

Los golpes que da la vida son duros

Por mucho que mi madre ha tratado de protegerme todos estos años, le queda claro que no es lo mejor y no siempre podrá hacerlo. De hecho, aunque pudiera no lo haría porque eso no me ayudaría a crecer. Ella me lo ha dicho, el corazón se le quiebra cada vez que me ve sufriendo. Desde que yo era pequeña, mi madre ha tenido que lidiar con ese dolor del corazón que sólo se experimenta con los hijos. Cuando me raspé la rodilla, cuando se perdió mi peluche favorito o cuando me enamoré la primera vez. En todos esos momentos mi madre deseó ser una heroína que con un simple chasquido de dedos hiciera que mi malestar pasara y que me sintiera bien de un momento a otro. Sin embargo, eso no sucedió. No sucedió porque para empezar ella no tiene superpoderes para predecir el futuro y evitarme dolores de la vida. También no pasó porque aunque ella pudiera prevenirlo, está consciente que nada de eso me ayudaría a ser una mujer fuerte.

Preparada para recoger mis pedazos

Por experiencia propia, mi madre sabía todo lo que me esperaba conforme fuera creciendo. Lo único que pudo hacer para ayudarme en todos esos momentos, fue aconsejarme. Sus palabras siempre han sido muy importantes para mí y debo agradecerle todo lo que me ha dicho. Desde la primera vez que me vio rota me dijo “así es la vida, querida hija”, “está bien que te sientas así, llora, llora porque sólo así saldrá la pena”, “no te sientas mal por ese error, algo aprenderás de eso”.

De cada error se aprende

Tal vez la primera vez no lo entendí, pero poco a poco comprendí que cada cosa que pasa deja un aprendizaje. Habrá veces en que no lo note a la primera, pero siempre de todo se aprende algo. Nadie es perfecto, por lo que nadie nace sabiendo qué diablos hace con su vida. Obviamente eso se va aprendiendo conforme recorremos el camino.

Rendirse, ¡nunca!

Mamá lo dice, está bien que un día quieras desaparecer, que un día no tengas ganas de comer y sólo quieras llorar. ¡Se vale! Pero sólo debe ser un día y al día siguiente hay que darle. Lo peor que puedes hacer es rendirte. No dejes que nada ni nadie te lo impida. 

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