“Recuérdame hablarle a tu tía”: tu mamá; cosas graciosas que pasan cuando vives con una mamá olvidadiza

Vivir con una mamá olvidadiza es convertirte en su asistente. Te dice: “Recuérdame pagar la luz”, o llamar a tu tía, comprar aquello… Al final sabemos que alguno de esos recordatorios quedará en el vil olvido. Si tú también lo sufres, ¡felicidades! Te has convertido en una esfera recordadora como la que aparece en las películas de Harry Potter.

Y el humo se pone rojo todos los días… El día de hoy me siento feliz de estar escribiéndote. Ya que en algún momento de mi infancia jure que no lo lograría. Vivir con una mamá olvidadiza ha sido uno de los grandes retos de mi vida.

Cuando mi mamá va a la tienda…

La verdad es que no sé si sea algo general de las mamás, o la edad, el cansancio y todo lo que estas grandes mujeres hacen en casa y fuera de ella todos los días. Sin embargo, en ocasiones me pregunto si la memoria de mi mamá se convierte en la de Lucy cuando va a la tienda. A menudo pasa que le pedimos nos compre algunas cosas especiales. Junto con el dinero, le hemos dado una lista de los encargos para hacerle la vida más fácil. La semana pasada le pedí un pequeño bote de helado. Conforme pasaban las horas mi antojo subía y me complacía imaginarme viendo Esposas desesperadas en el sillón con mi bote de helado. Claro que cuando llegó a casa, salté sobre las bolsas de la compra en busca del helado. ¿Qué encontré? ¡Nada! Lo había olvidado. Se sintió tan apenada, que salió a la tiendita a conseguirme el helado. Tristemente cuando volvió puso una bolsa de papas delante de mí y me dijo: “Se me olvidó de nuevo que me pediste…” 😭😭😭😭

Una vez fui olvidada en la escuela

Ciertamente la puntualidad no es la mayor virtud de mi mamá. Un día, estaba afuera del colegio esperando debajo de la escalera a que mi mamá fuera a recogerme. Pasada la media hora ya casi no había gente en la escuela, así que decidí bajar la mochila y leer uno de mis libros. Tras unas cuantas páginas volví a ver el reloj. Había pasado hora y media por lo que decidí llamar a mi madre para ver si había ocurrido algo. Muy acongojada me dijo que estaba en una junta y se había olvidado de recogerme a la salida del colegio. Afortunadamente, su oficina quedaba a unas calles del colegio, por lo que pude caminar hasta ahí. Desde ese día me permitió regresar solita a casa como chica independiente. En Navidad esto se convirtió en un chiste de familia, cuando veíamos Mi pobre angelito.

Cuando olvida dónde dejó las cosas que acomodó

A menudo pasa que mi mamá se mete con mi orden creativo. Lo que para mí es orden, para ella es un chiquero. Así que no duda en comenzar a darle una “manita de gato” a lo que la incomoda visualmente. Finalmente es su casa, así que no me quejo si eso mantiene su buen ánimo, por lo menos hasta que. Pronto me doy cuenta de que la mitad de mis pertenencias han desaparecido y lo peor es que pueden durar meses de esa forma.

Mi mamá promoviendo las pastillas para la memoria

Llegamos a pedirle a mi mamá que prestara más atención a las cosas y hasta le compramos un par de cajas de suplementos especiales para la memoria. Nos dimos cuenta de que fue en vano cuando mi tía-abuela llegó de visita y mi mamá le dijo: “Estoy tomando unas pastillas buenísimas; oye, hija, ¿cómo se llaman?😭😭😭😭

Regresar a medio camino a ver si apagamos las luces, olvidar las llaves dentro de casa, tener un calendario con recordatorios, alarmas y aún así olvida las cosas. Hemos pasado por todo. Lo bueno de esta historia es que vivir con una mamá olvidadiza nunca deja de ser divertido.

 

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