Quítate de la cabeza la idea de que ser una mujer próspera, significa estar casada antes de los 30

El sueño de muchas mujeres, es casarse con “el hombre de sus sueños”. Esa es su única ilusión en la vida. De hecho, tengo una amiga, que desde que éramos pequeñas, siempre tuvo la ilusión de casarse. Desde ese momento ella ya sabía cómo quería que fuera su vestido, su fiesta y hasta el destino de luna de miel. Sólo le faltaba encontrar al hombre ideal para hacerlo. Durante todos los años de estudio, ella se enfocó en ser una buena alumna. Responsable y muy cumplida con todas sus cosas. Justo cuando estábamos por terminar la carrera, su novio (hay que aclarar que el único que había tenido en su vida) le pidió que se casaran. Ella estaba tan emocionada con todo eso, que ya ni siquiera terminó ni se tituló. Se casó y en menos de un año todo se terminó porque no funcionó la relación entre ellos.

¿Qué sigue?

Como dije, en un principio ella se sintió soñada con la propuesta de su novio y sin pensarlo aceptó casarse. Ok, yo no digo que no hubiera amor. Sin embargo, creo que eran demasiado jóvenes y peor aún porque no habían tenido más parejas. Eso para ella lo hacía aún más especial, pero para una decisión tan seria como el matrimonio, había muchas cosas que debían ser consideradas. Los primeros meses fueron puro derroche de miel o al menos eso aparentaban. Aunque luego todo se comenzó a salir de control. Un día así sin más, tuvieron una discusión por algo que realmente era muy tonto. Acto seguido, él decidió irse de la casa. Desapareció unos días, tal vez semanas y de repente a ella le llegó una notificación de divorcio. Sintió que el mundo se le venía encima.

¡Divorciada a los 20!

Su mayor preocupación era que estaba quedándose sin marido y sin matrimonio a sus 20 años. Sentía que la vida había terminado para ella. Obviamente no era así y eso tenía que aprenderlo ella sola. Las primeras semanas fueron complicadas, porque ya estaba sola y no sabía nada del ahora ex marido. La buena noticia fue que con peleas y todo, accedió a ir de nuevo a las clases que le faltaban para titularse. Pudo encontrar un buen trabajo y se dio cuenta que podía tener lo que quería por ella misma. Conoció a nuevas personas que abrieron su panorama y le enseñaron mucho más de lo que imaginaba.

Así que si tú estás pasando por un divorcio, sin importar la edad que tengas, no pienses que tu vida terminó ahí. Es un nuevo y mejorado comienzo. Deja que la vida te sorprenda.

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