¿Quién dijo que la maternidad es asunto fácil?

Muchas personas creen que tener hijos es asunto fácil, pero no tienen la mínima idea de lo que implica en realidad. En el momento en que me convertí en mamá, admiré aún más a todas aquellas mujeres que ya lo son. Me quedaron claras muchas de las cosas que hacía mi mamá y que para mí no tenían lógica. Comprendí que el amor de una madre es incondicional y que a pesar de las experiencias buenas y malas, nunca se deja solos a los hijos.

Dormir, ¿qué es eso?

Cada vez que veía a una mamá desvelada, me sorprendía. No entendía por qué tanto alboroto. En cuanto me convertí en mamá, comprendí que me olvidaría de dormir por completo. En un principio no era porque mi bebé no me dejara dormir, sino porque estaba pendiente de que estuviera respirando. Mucho se habla de la muerte de cuna, pero hay quienes no lo toman en serio y sí lo es. Después de pasar los meses en que hay más probabilidad que un bebé sucumba a la muerte de cuna, creí que ya podría volver a dormir como acostumbraba. La realidad fue otra, pues tampoco pude porque mi pequeño empezó a sufrir porque le quité el pecho. Si no era por eso, era porque se enfermaba. Ahora que mi hijo tiene casi 5 años, sigo sin dormir como Dios manda. A veces eso sucede porque la lluvia lo pone intranquilo, porque tiene hambre o sed a medianoche. También despierta para ir al baño y me pide que lo acompañe. Otras veces, debo confesar, despierto yo voluntariamente para verlo dormir. Es el ser más maravilloso que tengo y me gusta admirarlo. Y aunque es algo extraño, es una actividad que hacemos muchas mamás aunque sea en secreto.

Te olvidas de la intimidad

Debo admitir que la maternidad no es asunto fácil, pero la disfruto mucho aunque eso signifique no tener intimidad. No me refiero a la intimidad sexual, sino a la intimidad como tal. Cuando estaba sola, podía quedarme todo el día metida en la tina de baño si así lo deseaba. Podía comprar el combo más grande de palomitas y no compartirlo con nadie. Ojo, no estoy diciendo que me pese compartir con mi hijo. Más bien a que estaba acostumbrada a que todo el tiempo era solo para mí. Ya yo decidía si lo malgastaba o no. En cambio, como mamá, hasta para ir al baño, voy acompañada de mi retoño. Cuando estamos juntos, no hay ningún momento en que pueda estar en completa soledad. Aunque debo aceptar que tener su compañía me hace la mujer más feliz del universo.

Eres el principal entretenimiento

Mi hijo ha encontrado que la mejor forma de divertirse es conmigo, con mi persona. A veces, cuando estoy recostada en la cama, llega y puede ponerse a decorarme por completo. En otras ocasiones decide que soy una enorme muñeca de trapo a la que puede hacer como quiere para jugar.

Olvídate de las compras tranquilas

Creo que una de las cosas más complicadas de la maternidad es ir de compras. Ir sola resulta un éxito y a veces hasta salía “premiada” con cosas que no tenía contempladas, pero que se atravesaban en mi camino. Con un hijo, todo se vuelve más complicado, pues ya no puedo despilfarrar el dinero en pequeños “lujos”. En todo caso, la mayoría de lujos se los lleva él. Lo terrorífico surge cuando hace berrinche. Todos miran y juzgan, pero quisiera que se pusieran en los zapatos de nosotras, las mamás, para tratar de entender el contexto. Es muy fácil hablar de dientes para afuera, pero las cosas no siempre son como creen.

Recurres a lugares extraños para tener un poco de paz

Es un hecho que con los hijos la paz deja de existir. Si estás durmiendo, no importa si es fin de semana, ellos se levantan temprano porque tienen hambre. De hecho, ni siquiera les importa meterse a jugar al baño con tal de estar contigo. Lo mejor, o peor, según quien lo diga, es que ni siquiera les importa si estás haciendo pis o lo otro. Yo sinceramente no estaría metida oliendo cosas que podría evitar.

“Máquina limpiadora”

Cuando estaba soltera, cuidaba mucho mi ropa. La lavaba en el ciclo correcto, usaba el mejor jabón o suavizante. Trataba de que hacer lo adecuado para que mi ropa no se maltratara. Ahora, con mi hijo, he aprendido que en todo momento debo limpiar algo. Si no es un moco, es baba o comida embarrada. A pesar de cargar papel, no falta el momento en el que tengo que recurrir a mi ropa para limpiarlo. Así que ahora he dejado mis prendas “lindas” para ocasiones especiales y las demás que sean las encargadas del cuidado de mi hijo.

No es asunto fácil, pero vale la pena

Como ves, ser mamá no es asunto fácil, pero es algo de lo que no me arrepiento. Resulta complicado y sí, a veces quieres tirar la toalla. Sin embargo, vale la pena el sacrificio porque al final del día tu hijo te abrace y te diga que te ama. Es lindo escuchar que estás en su corazón, ver sus ojos mirándote como si fueras el ser perfecto para ellos. Incluso, que te canten o te escriban cartas de amor, cuando empiezan a aprender a hacerlo. Por eso y más, vale todo el sacrificio que hago como mamá.


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