Que mi esposo no sepa que…

Casarse es una de las decisiones más complejas de la vida. Al decir “sí, acepto” estás adquiriendo varias responsabilidades con las que pretendes cumplir hasta tu último suspiro. Sin embargo, nadie nos habla de todas las altas y bajas que pueden surgir. Tampoco nos dicen que la solución solo está en nuestras manos y en las de nuestra pareja. Esto lo vamos aprendiendo conforme pasa el tiempo, al igual que la maternidad. No hay ningún manual que nos enseñe cómo hacer las cosas con éxito. Una vez que me casé, sabía que las cosas no volverían a ser iguales en mi vida. A estas alturas puedo decir que amo a mi esposo, de eso no me queda duda. Desde el momento en que empezamos a compartir la vida, la vemos desde una perspectiva distinta.

Una experiencia diferente

Si algo he aprendido, es que la comunicación es importante para que la relación pueda fluir. ¿Qué chiste tiene casarte con alguien si van mostrarse como dos extraños compartiendo el mismo techo? Hablar de todo ayuda a que la relación se solidifique y la confianza siempre esté presente. En mi caso, mi esposo y yo, además de ser pareja, somos amigos. Nos contamos lo que pasó en nuestro día a día, pero también hablamos de cosas que vemos o escuchamos. Eso nos da más tema de conversación. Sin embargo, debo confesar que hay cosas que me gustaría que mi esposo no sepa. Tranquila, no estoy diciendo que haya cometido algún delito o que le sea infiel. Incluso después de leer, soltarás más de una carcajada porque muy en el fondo te identificas conmigo.

Que a veces duermo todo el día

Trabajo, todos los días dentro y fuera de la casa. Por fortuna, el lugar en el que trabajo me permite realizar mis labores algunos días desde la comodidad de mi casa. Eso me permite trabajar, pero también hacer tareas de la casa. Así puedo lavar la ropa, desayunar con calma, ver la tele mientras trabajo. Sé que tengo varias responsabilidades, pero también de vez en cuando me doy una consentida. Hay ocasiones en las que dejo todo de lado y opto por dormir un poco más mientras mi marido se va a trabajar. Cariño, si estás leyendo esto, sorry!

Cocino un día para comer dos

La verdad es que el hecho de estar en casa me deja hacer varias cosas que a veces ya no quiero hacer cuando llego de la oficina. Una de ellas es cocinar. Me encanta la comida, pero a veces es cansado preparar comida todos los días. Debo confesar que hay veces en las que hago mucho de un solo guiso, para comer dos días. Mi marido a veces se sorprende, pero le digo que quedó mucho del día anterior y no podemos desperdiciarlo.

A veces no separo la ropa para lavarla

Cuando ando a las carreras o tengo que ir a la oficina, echo toda la ropa a lavar para que al llegar sólo tenga que tenderla. De acuerdo a lo que he ido aprendiendo, para cuidar la ropa hay que respetar las reglas de cada prenda. Separar por color, lavar en ciclos diferentes, cuidar el detergente que se usa. La verdad es que a veces me da igual eso y echo todo junto a lavar.

Si se acaba la comida es porque la comparto con los animalitos

Cada quincena surtimos la despensa. Ya sean alimentos o jabones o todo lo que haga falta. Casi siempre optamos por comprar un poco más de algo específico por si se ofrece. A veces, aún no llega la quincena y mi esposo se sorprende de ver que se ha acabado algún alimento. La verdad que él no sabe es que si se terminan algunos víveres es porque a veces los comparto con los animalitos que veo en la calle.

Gasto dinero en chucherías

Él y yo aportamos una cantidad de dinero para cubrir los gastos de la casa. Sin embargo, a veces él es quien más aporta, porque yo ya no tengo. La realidad es que a veces me doy ciertos lujitos que hacen que gaste un poco más de lo que debería.

En realidad creo que mi esposo sospecha de todas estas cosas, pero tratamos de verle el lado divertido antes de pelearnos por ello.

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