Qué hacer cuando tu hijo dice “no quiero ir a la escuela”

Cuando tenemos bebés, los vemos hermosos y conforme va pasando el tiempo, los vamos viendo más lindos cada día. Mejor aún si son esos niños que obedecen a la primera, que no hacen berrinches y que se comen todos sus vegetales. Sí, está muy padre, pero qué pasa si un día de la nada tu peque te dice: “no quiero ir a la escuela”. ¡Auch! Cómo puede ser posible que ese niño tan obediente y bien portado diga eso. Tranquila, no se trata del niño o de ti, pero sí puede ser que haya algo en su entorno que lo está haciendo reaccionar de esa manera. Para que cada vez que escuches eso no te entre el temor total, te contaré un poco de mi experiencia y cómo lo he ido resolviendo sin regañar a mis hijos o traumarles diciéndoles que la escuela es lo peor que puede existir.

Platiquen mucho

Si algo he aprendido, es que los niños aman platicar todo lo que sucede a su alrededor. Así sea sobre cómo está el día, sobre lo que dijo su maestra o lo que les platicó algún compañerito. Todo, de verdad todo, lo quieren comentar. Les surgen mil dudas e incluso hacen preguntas que tú jamás hubieras pensado. Eso es algo que puedes usar a tu favor para saber cómo les ha ido, cómo se sienten, qué les gusta y qué no. Obviamente, para que la experiencia sea más rica, no sólo te conformes con un simple <me siento bien>. No, se trata de que averigües más que eso. Que ellos vean que estás interesada en sus dudas y en saber más (incluso aunque ya lo sepas). No olvides que para ellos todo es nuevo.

Lleguen a acuerdos

Los niños son inteligentes y saben cómo manipularnos. Lo importante es darnos cuenta de ello para no caer en su juego. En mi caso, uno de mis hijos veía que sus compañeritos salían de la escuela antes, porque se sentían mal y las maestras llamaban a sus padres. La primera vez, él consiguió lo que quería. Le dijo a las maestras que se sentía mal y que debían llamar a sus padres. En la escuela nos contactaron y fuimos por él, preocupados y espantados. Sin embargo, en cuanto llegó a casa, se puso a ver la tele y a jugar con mucha tranquilidad. Luego de un rato le preguntamos cómo se sentía y dijo que en realidad no se sentía mal, pero quería salir antes. Fue una señal que nosotros tomamos para saber qué pasaba.

Días después ocurrió lo mismo, pero cuando llegamos por él, lo vimos jugando como si nada. La maestra nos comentó que acababan de ir por otro compañero y que tal vez por eso se quería salir. Obviamente estamos al pendiente de su salud, pero nos dimos cuenta de que él ya había encontrado la táctica perfecta para escapar cuando quisiera. Acordamos con la maestra que cuando de verdad lo viera mal, nos hablara, pero de lo contrario no lo hiciera porque él ya sabía cuál era la salida rápida.

Por su cuenta, con él también platicamos y acordamos que si lograba juntar una serie de puntos al final de la semana, podía canjearlos por algo: un dulce, una hamburguesa con papas, una hora más de juego en su consola u otras cosas.

El temido “no quiero ir a la escuela”

Tranquila, a todas nos pasará en algún momento que escuchemos esas temidas palabras. Es importante que cuando nuestros hijos digan eso, no los regañemos o les demos el avión. Más bien, presta atención a ello para saber si algo está sucediendo. Así como puede ser sólo por flojera, podría ser porque alguien los está molestando. La comunicación y confianza siempre serán la clave para que tus hijos sientan tu apoyo.

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