Primera Navidad sin mamá, ¡cuánto la extraño!

Creo que una de las cosas que jamás imaginamos o pensamos, es en nuestra vida sin mamá o sin papá. Esos dos seres que se encargan de construir una base fuerte sobre la que podamos crecer. A pesar de tener la consciencia de que en algún momento ya no estarán, optamos por no pensar cuándo ni cómo llegará ese momento. Ahora que mi madre no está, sé que muchas de las cosas que haga ya no serán igual, pues no estará ella acompañándome en esta travesía llamada vida. Por ejemplo, esta Navidad no se vivirá de la misma manera, pues su lugar en la mesa estará vacío. Así es, la primera Navidad sin ella, que difícil experiencia.

Amo la Navidad, pero…

Durante toda mi vida he amado profundamente la Navidad. Es una época muy especial para mí, pues es cuando mi familia se junta por completo. La pasamos bien jugando y cenando. Son momentos que se guardan para siempre en el corazón. Esta Navidad no será igual, pues a pesar de estar todos juntos, faltará uno de nuestros pilares más importantes. Todos estamos, pero sentimos que estamos viviendo una pesadilla. Mamá no está, ¿cómo se lidia con eso?

Adornos en la casa

A pesar de querer seguir la tradición que compartimos con ella, las cosas no son iguales. Aunque estamos viendo el arbolito adornado, con sus enormes esferas y festones, no luce igual. Por más luces que le ponemos, parece que le falta algo para poder brillar por completo. Sí, lo que falta es ella, su espíritu navideño y sus risas mientras colocaba cada uno de los adornos. Aunque la casa está adornada ya no es igual. Antes pensábamos que todos esos adornos eran los que le daban el espíritu a la casa y los que hacían que nos sintiéramos contentos de estar ahí. ¡Falso! En realidad quien hacía que sintiéramos todas esas cosas, era ella. Ahora que no está, lo hemos comprobado.

Sin mamá, esta Navidad ya no es igual

A pesar de esforzarnos en mantener una sonrisa en nuestro rostro y seguir juntos como ella lo quería, ya no es lo mimso. Como dije, las decoraciones a pesar de estar ahí, no se disfrutan igual. La cena, a pesar de salir rica no tiene las risas de mamá y su cara de emoción al ver toda la mesa puesta. Justo ahora es cuando nos damos cuenta que el simple hecho de picar las manzanas o poner los lugares en la mesa, valían la pena teniendo de recompensa su cara de felicidad. De hecho la ropa o los regalos quedan de lado, pues eso continúa, pero mamá ya no está aquí. En el recalentado pasó lo mismo, todos nos reunimos para pasar momentos de felicidad. Todo estaba bien, menos el hecho de sentir un enorme vacío por no ver a mamá acompañándonos a todos. Viendo a sus nietos jugar, mientras ella nos contaba anécdotas graciosas de años atrás.

Valora a tu mamá

Ahora que yo sé lo que es vivir una Navidad sin mamá, sólo tengo algo que decirte. Si aún tienes a tus padres, disfruta de ellos al máximo. Créeme, las cosas vienen y van, pero la compañía de tus padres es algo que cuando se va, no regresa jamás. Deja de lado el “no voy a comer mucho para no engordar”, “no tengo nada que ponerme”, “ash, quisiera estar de vacaciones y no aquí”. Disfruta cada momento que pases con tu familia, pues desfgraciadamente no te das cuenta de la importancia de tus seres amados, hasta que ya no los tienes. Tampoco te enfoques en tu teléfono o en subir momentos perfectos, cuando en realidad no los disfrutas como deberías. Navidad es un momento para estar con tus seres amados y decírselos antes de que sea demasiado tarde.

Sí, puede que mi madre ya no esté y que tal vez haya pensado en que nunca más adornaría la casa por no sentirme triste. Es el peor error que puedo cometer. Al contrario, seguiré las tradiciones que mi madre amaba, las compartiré con mis hijos y aunque sienta dolor en mi corazoncito, disfrutaré tanto como si mamá siguiera aquí.

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