Por qué es importante dejar que los niños aprendan a tomar sus propias decisiones

Ser mamá es asunto complicado, porque uno siempre espera proveer a los hijos de lo mejor. Deseamos darles las mejores herramientas para que puedan salir adelante en cualquier situación. Algo que he aprendido en estos años que llevo de mamá, es que así como les proveo del mayor armamento a mis hijos, también tengo que aprender a dejarlos equivocarse. O sea, que aunque no me guste o sepa que hay mejores opciones, dejo que ellos tomen sus propias decisiones porque es la única manera de la que aprenderán realmente de qué va la vida. Si yo les diera todo masticado, sería más cómodo para mí, pero la vida sería más complicada para ellos y es algo que no quiero.

Comenzamos con la ropa

No queda duda de que como mamás, nos guste o no, tenemos un gran peso sobre nosotras. Aunque no nos importe lo que la sociedad diga de nosotras, nos esmeramos por darle lo mejor a nuestros hijos. Desde los valores que les inculcamos, hasta el cómo se ven. Mientras mis hijos eran pequeños, yo decidía cómo los iba a vestir para ir al parque, para ir a una fiesta o para estar en casa. La decisión era sólo mía. Sin embargo, las cosas van cambiando conforme ellos crecieron. Un día, mi hijo mayor me dijo: “mamá, yo elegiré mi ropa el día de hoy”. Una nunca espera escuchar esas palabras de un ser tan pequeñito. Muy a mi pesar acepté que fuera a tomar su ropa.

La combinación no era nada lógica en mi mente, pero él se sentía feliz. Al salir a la calle, mucha gente volteaba a verlo y a mí. Cuando llegué con unos familiares me dijeron “cómo es posible que dejes que tu hijo ande así en la calle”. Ahí entendí que para bien o para mal, nunca se le tendrá contento a todo el mundo. Lo único que me importaba era ver que mi hijo se sentía feliz. A partir de ese día él decidió seleccionar su ropa y yo accedí. Algunas veces me pidió consejo sobre cómo podía usar una prenda con otra, sin embargo, ya tomaba conciencia propia sobre algo tan básico.

Conozco a muchos adultos que siguen haciendo lo que sus madres les dicen. Si eligen una blusa o camisa y a la mamá no le gusta, se cambian sólo porque ella se los dice. Yo no quería que mis hijos llegaran a ese punto en el que mi opinión fuera lo único que valiera en sus vidas.

Me gusta o no me gusta

Además de la ropa, también empezaron a decidir sobre su comida. Saben que tienen que comer frutas o verduras, pero ahora ellos deciden cuánto comerán de cada cosa. Se sirven las raciones que creen convenientes pero también saben que si quieren más, pueden servirse en cuanto se han terminado lo que tienen en el plato.

Clases extra escolares

Estando más pequeño, mi hijo mayor me dijo que quería clases de fútbol. Tal vez porque todos sus amiguitos jugaban y él quería tener la misma experiencia. Accedí y comenzó a ir a clases, pero pasado casi un año dijo que ya no quería ir a esas clases. Ahora quería probar clases de karate. Antes de tomar una decisión abrupta, platiqué con él sobre por qué ya no quería ir. Dijo que no era lo que esperaba y que le llamaba más la atención el karate. En ese momento comprendí que es mejor apoyarlos en los sueños que tienen para que prueben hasta encontrar algo que los llene por completo. Cuando iba al fútbol, aparte de esa clase también tenía clases de música, las cuales no ha querido dejar porque realmente le satisfacen. Ahora es feliz en su clase de karate y música. Yo sé que mi misión es acompañarlo en la vida y estar ahí para él cuando me necesite. Más nuunca querré que haga las cosas que yo quiero sólo porque creo que son lo mejor para él. Él debe tener sus propias experiencias para tomar sus propias decisiones.

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