Por qué conformarse con migajas cuando puedes tenerlo ¡todo!

En lo personal, debo aceptar que soy una persona un tanto fría en el trato que tengo hacia los demás. La verdad eso no me afecta a mí, pero a los que están cerca sí. Muchas veces he tenido problemas por lo mismo, pues dicen que en un principio ilusiono a más de uno y después les corto las alas de tajo. Puede ser que haya algo de cierto en eso, pero más bien a mí me causa mucha curiosidad aquella persona que está dispuesta a conformarse con migajas. Sí, no hablo de migajas de comida, sino de las que se relacionan con los sentimientos.

No es nada fácil

Parece muy sencillo lo que digo e, incluso, piensen que qué fácil hago ver las cosas. Lo cierto es que a mí me costó mucho trabajo ser mejor y no perder la dignidad. Muchas veces, la hemos perdido por alguien a quien queríamos (o eso creíamos). Sin embargo, se trata más bien de una cuestión de autoestima. Después de ir un buen rato al psicólogo, por fin comprendí eso. Ninguna persona con la suficiente autoestima, permite que llegue alguien a pisotearlo o sólo darle “lo que le sobra”. En algunas ocasiones me tocó estar de la “rogona” o “conformista”. Ya sabes, la que acepta “lo que sea” con tal de no perder a la “persona amada”.

Aceptarlo es lo más complicado

Cada vez que lo hacía, creía que era lo correcto o la forma adecuada de demostrar que realmente me importaba alguien. Con el paso del tiempo, en lugar de sentirme mejor, me sentía cada vez peor. Durante mucho tiempo no entendí por qué. Fue hasta que viví algo bastante fuerte que decidí ir al psicólogo. Si no hubiera pasado eso, estoy casi segura de que no hubiera tomado la decisión de ir a terapia. Ya en terapia, creí que nada más iba a solucionar el problema por el que había tomado la decisión de ir. Sin embargo, poco a poco, me di cuenta de que lo que había vivido, tenía mucha relación con lo demás. En ese momento empecé a entender que no era bueno conformarse con migajas nunca.

Revolución de sentimientos y emociones

Las primeras sesiones en terapia fueron muy complicadas, salía vapuleada de cada terapia. Jamás imaginé que sería así, pero era consecuencia de lo que trabajaba. Conforme fue pasando el tiempo, empecé a ver las cosas de otra manera. Entendí muchos de mis comportamientos y el por qué de ellos. Luego, con los ojos abiertos, supe que no quería ser una persona que tiende a conformarse con migajas.

Dignidad ante todo

Son muchas las razones por las que puedes aceptar conformarte con algo que en el fondo no te hace feliz. En mi caso, después de mucha terapia, de vez en cuando recaía y esa era la razón por la que la psicóloga me sugería que no me involucrara con nadie, pues aún era vulnerable. Luego de varios meses más, por fin pude regresar “a las andadas”. Conocí a un chico que en un principio me pareció amable y muy atento conmigo. Mis sentimientos estaban involucrados y todo parecía ir viento en popa, hasta que comprendí que no era lo mejor para mí. Le pedí que nos dejáramos de ver y él parecía que había accedido sin problema alguno. Al día siguiente me pidió de muchas formas que no dejáramos de vernos. Ofreció una relación de “amigos con derechos” y muchas cosas similares. Ahí entendí que ante todo, la dignidad importa. Bien pude haberle dicho que aceptaba, pero la realidad era otra y era mejor hacerle frente.

Este video te puede gustar