Pensaba que el sexo con mi pareja era bueno, hasta que me enteré que él pagó por sexo a alguien más

Estuve casada por casi diez años y durante todo ese tiempo pensé que mi matrimonio era feliz. No voy a negar que en algún momento tuvimos problemas o peleas. Sin embargo, durante todo este tiempo, salíamos a flote y victoriosos. Había amor, había apoyo y muy buen sexo, o al menos eso creía yo. Eso cambió cuando me enteré que él pagó por sexo.

Un año antes

La maternidad se había apoderado de mí, pero aún con eso, siempre nos dábamos un tiempo para nosotros. Nos dividíamos las labores paternales y eso hacía que el trabajo no se sintiera tan pesado. Obviamente había cosas que sólo mamá podía hacer. Pero no era pretexto para alejarme de mi esposo. Conforme pasaban los meses, las cosas se estabilizaban más. Ya habíamos encontrado la manera de seguir con nuestra intimidad, sin alterar el tiempo con nuestro bebé o ponerlo en cualquier tipo de peligro.

El sexo cada vez era mejor

Luego del embarazo y el parto, parecía que mi vagina se había sensibilizado lo doble. Ahora tenía mejores orgasmos y disfrutaba más con mi esposo. Nunca dejé de complacerlo, sino todo lo contrario. Me gustaba ver a mi marido feliz y por eso me gustaba investigar más técnicas y consejos y todo lo que me ayudara a ser una mejor amante. Obviamente los resultados siempre sorprendían a mi marido y cada vez buscaba más.

De pronto todo cambió

Un día, salió de prisa y me dijo que tenía que ir a arreglar unos asuntos de su trabajo. Por la hora me pareció un poco extraño, pero confiaba tanto en él, que no desconfié de lo que me decía. Ese día llegó muy tarde, pero seguía como si nada pasara. Los días siguientes parecía que estaba ido y yo trataba de hablar con él pero él me evitaba. Pasó una semana sin que tuviéramos nada de sexo y eso era bastante extraño. Nosotros, por muy cansados que estuviéramos o aunque tuviéramos algún problema, no pasábamos más de dos días sin una dosis de buen sexo. Entonces recurrí a mis tácticas de seducción para que él me prestara atención. Sin embargo, nada funcionó. En ese momento, empezamos a tener problemas o mejor dicho, roces. Me cansé de buscarle la cara por dos semanas y no obtener nada de él.

Él confesó

Una noche, llegó del trabajo, yo ya estaba acostada y se acercó a mi. Con voz entrecortada me dijo que necesitaba hablar conmigo urgentemente. En ese momento se me fue el sueño y me levanté para saber qué estaba pasando. Sin más, confesó que él pagó por sexo. Me dijo cuándo había sido y que esa fue la razón por la que se alejó de mí durante todos esos días. Yo no podía creerlo, seguía sin comprender por qué había hecho eso si teníamos sexo de manera frecuente y los dos disfrutábamos de lo que hacíamos. Traté de comprender y perdonarlo. Sin embargo, pasaron algunos meses y la relación se vino abajo. No podía seguirlo viendo de la misma manera. Al final, terminamos separándonos y cada uno siguió su rumbo por separado. Hasta el día de hoy, él me sigue pidiendo perdón por lo que hizo, pero creo que si de verdad me hubiera amado no lo hubiera hecho. Así de sencillo.

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