Nuestros esposos hacen cosas que sin duda nosotras no entendemos

Creo que si alguien tiene una vida llena de aventuras y momentos de incertidumbre somos las mujeres que hemos decidido casarnos. No cabe duda de que la vida de enamorados y la de casados es completamente diferente. Hace unos días observaba a mi esposo y me di cuenta de que a pesar de que lo amo, hace varias cosas que me resultan desagradables o incomprensibles. Estoy casi segura de que eso que me molesta a mí, también incomoda a otras mujeres. Me di a la tarea de hacer una lista de las cosas absurdas e incómodas con las que tengo que lidiar. Sin duda, nuestros esposos son bastante interesantes.

La ropa regada por toda la casa

Los primeros meses, cuando decidimos vivir juntos, fueron muy lindos. Todo era perfecto, o al menos eso pensaba yo. No sé si se debía a que estábamos muy emocionados y con los nervios de empezar a compartir la vida. Desde un inicio, mi esposo llegaba de trabajar y se iba desvistiendo por toda la casa. Dejaba los zapatos en la sala, los calcetines en las escaleras y la playera en el comedor. Como yo me sentía en las nubes, realmente no le daba importancia a eso. Luego de unos meses, comenzó a caerme gordo ese asunto. Eran muy desesperante tener que ver toda su ropa regada por la casa. Hasta el día de hoy, es una de las cosas que más me molestan.

El asiento del inodoro

Este aspecto no sólo me molesta con mi marido, también me pasaba con mi hermano. Cuando vivía en casa de mis padres y no era casada, peleaba mucho con mi hermano. Cada vez que usaba el inodoro, hacía pipí sin levantar el asiento. Lo peor era cuando yo me sentaba, pues me mojaba las piernas con algo que me resultaba desagradable. Con mi marido era algo similar. Llegaba corriendo del trabajo y lo primero que hacía era entrar al baño. Lo más gracioso es que un día entró, orinó y mojó el asiento. Salió y al poco rato regresó al bañó. Se sentó en el asiento y se enojó como nunca. Yo sólo me reí y le dije: “Ves, ahora entiendes lo que yo siento cada vez que lo haces“. Desde ese día tiene más precaución en levantar la tapa, no tanto por mí, sino porque no quiere que le vuelva a pasar.

Que beba directo del envase

Existen parejas que no tienen problema en hacer ciertas cosas de manera íntima, como tomar jugo o leche del envase. En lo personal creo que eso es bastante asqueroso, incluso si sólo lo hacemos mi esposo y yo en la casa. Sí, tal vez soy exagerada, pero eso de despertar y dar el primer sorbo con el tufo matutino, me resulta repugnante.

Creer que puede componer todo

Me he dado cuenta de que los hombres creen que pueden hacerlo todo y cuando nosotras buscamos ayuda exterior, se sienten ofendidos. Si algo se descompone en casa, le comento que voy a llamar al plomero o al carpintero y su primera reacción siempre es de enojo. Me dice que para qué voy a gastar tanto en cosas que él puede hacer. Al principio le hacía caso y dejaba que él se encargara. Obviamente ahora prefiero primero solucionar el problema y luego informarle de lo que ocurrido.

Jugar al policía bueno con los niños

En nuestro caso, tenemos hijos y si algo me molesta de mi esposo es que ante mí da una cara y ante los niños, otra. Si nosotros como padres acordamos no dar algún permiso por ciertas circunstancias, me quedo yo con esa idea. El problema es que cuando estamos frente a los niños, él se doblega y hace todo a favor de nuestros hijos. Me deja como la mala del cuento y siempre queda como el salvador.

Olvidar los encargos

Todas las esposas nos molestamos mucho cuando pedimos pequeños favores a nuestros maridos y los olvidan. A veces aprovecho cuando él viene de regreso del trabajo para pedirle que pase al super o a la tienda a comprar ciertos productos. Llega a casa tan tranquilo y sin nada, le pregunto por las cosas y me dice que se le ha olvidado. Si eso sucede, sé que tengo que salir yo, porque él dice “ahorita voy” y puede que nunca vaya.

No cuidar los detalles

No sé si porque ya vivimos juntos y nos vemos las caras todos los días piensa que ya no tiene sentido ser detallista. La verdad es que me gustaría que siguiera siendo cómo cuando éramos novios. Sé que en muchas cosas no se puede porque hay niños en casa. Sin embargo, no creo que sea excusa para que tenga de vez en cuando algún detallito conmigo.

Descuidar su imagen

Relacionado al punto anterior, a partir de que nos casamos y empezamos a vivir juntos, ha descuidado su imagen. Ya no se arregla como antes, incluso hay días en los que no se baña. Le pregunto por qué esa actitud y me dice que si ya vivimos juntos, para qué se arregla. Dice que como ya lo conozco tal cual es, pues está mejor así.

A veces me hace enojar mucho, pero aun así lo amo.

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