No todo el tiempo puedes ser fuerte, a veces es necesario quebrarte y volver a empezar

¿Nunca te ha pasado que tratas de tener la mejor actitud ante la vida para que todo salga bien a tu alrededor. Pero llega un día en el que te cansas de eso y sólo quieres mandar todo a volar? Sí, aunque tengamos pensamientos positivos, también tenemos derecho a sentirnos cansados. Sentir que ya no podemos más. Es válido darnos una pausa para volver a empezar, pero esta vez más sabios. Durante toda esta situación de la pandemia, he tratado de mantener mi mente tranquila. Los primeros días, me había hecho a la idea de que el encierro pasaría pronto. Mantuve muy buenos pensamientos, era la que le daba buenas vibras a todos sus amigos. Siempre con actitud positiva.

El encierro se alargó

Luego nos hicieron saber que el encierro iba a durar un poco más. Aún con eso, yo traté de buscar diferentes cosas en las que ocuparme. Incluso aprovechaba todos los cursos que estaban ofreciendo en línea. Aprendí a preparar diferentes postres (y eso que la cocina no es lo mío). En fin, mis amigos se sorprendían de la forma en que estaba manejando las cosas. Todos ya comenzaban a desesperarse. Ya no se hallaban en el encierro, ya se habían hartado de estar en sus casas. Ya no podían, pero les sorprendía verme a mí, con la frente en alto y con la mejor actitud.

Poco a poco las cosas cambiaron

Sí, todos estaban en un altibajo interminable, pues había semanas en las que se sentían bien y otras no. En mi caso, aparentemente todas las semanas eran color de rosa. Eso creía yo. Me había enfocado en llenarme de actividades, pero no me había puesto a analizar cómo me sentía. Era como si me hubiera desconectado de mí y sólo me dedicara a cumplir diferentes actividades día con día. Un día y sin aviso alguno, mi ser quebró. Comencé a sentirme rara, vacía, infeliz, cansada. Estaba llegando a mi límite.

¡Ayuda!

Sí, quise mantenerme con actitud positiva todo el tiempo pero estaba negando que las cosas eran complicadas. El día que quebré, no dejé de llorar. Aunque trataba de hacer todas esas cosas que me mantenían en calma, esta vez nada funcionaba. Después de tanto llorar, me quedé dormida. Al despertar seguí llorando, fue un día lleno de lágrimas. Sin embargo las lágrimas me ayudaron a darme cuenta que no siempre podemos estar bien y eso no tiene nada de malo. Lo importante es escuchar nuestro ser interior y hacer lo necesario para que estemos cómodos.

¿Te ha pasado a ti?

Este video te puede gustar