“No pasa nada”: evita decírselo a tus hijos

Como mamás siempre queremos lo mejor para nuestros hijos. Evitamos al máximo que sufran o los lastimen. Es decir, no deseamos que nada malo les pase. Para aminorar sus preocupaciones, siempre decimos la típica frase: “No pasa nada”. Sin embargo, quizá no sea lo mejor.

¿Por qué lo decimos?

Creemos que con un “no pasa nada” aminoramos el malestar de nuestros hijos. Lo peor es que cuando lo decimos, en realidad estamos preocupadas, pero tratamos de no darlo a notar. Buscamos distraerlos para que no se concentren en su dolor. Sin embargo, ¿pensamos en todo el impacto que tienen estas palabras en nuestros pequeños?

Toma de conciencia

Nos guste o no, nuestros hijos pequeños son esponjitas que absorben todo lo que está a su alrededor. A veces pensamos que solo se trata de lo que ven o aprenden en la escuela. Sin embargo, aprenden mucho de todo lo que ven y escuchan de nosotros, sus padres. Ya sea una frase o el tono que usamos al hablar enojados. Esas pequeñeces son en las que se fijan nuestros hijos y un día nos sorprenden.

Frases más aterrizadas

Lo peor que podemos hacer es actuar sin la conciencia de que somos el ejemplo a seguir para nuestros hijos. Decir algo para consolarlos y que termine teniendo un efecto negativo no es lo más adecuado. Imagina que un día tu hijo se lastime y lo escuches decir: “No pasa nada”. Quedarías en shock, ¿no? Por eso lo mejor es recurrir a frases más aterrizadas que vayan de acuerdo a la realidad. Es mejor explicar: “Sí, te pasó algo, veamos qué tan grave es” o “¿te duele?, ¿se te cayó?”.

“No pasa nada”

Al decir esta frase les mandamos un mensaje erróneo a nuestros hijos. Estamos negando la realidad y eso se quedará con ellos toda la vida. También le restamos importancia a sus emociones, pues no les permitimos expresarse totalmente. Lo correcto es enseñarles a reconocer y entender lo que sienten. Si logran hacer esto de la manera correcta, tendremos la confianza de que nos dirán lo que pasa. Es importante que tampoco le restemos importancia a sus opiniones.

Dejar de usar esta frase hará que los niños se hagan conscientes de que en realidad sí puede pasar algo. Así tendrán la capacidad de actuar y generar las soluciones adecuadas.

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