Mi matrimonio se fue a la ruina porque no experimenté más mi sexualidad en mi juventud (bueno, eso dijo mi ahora ex esposo)

Hasta hace poco creí que tenía una vida perfecta. Tengo un marido que me ama y me lo sigue demostrando aunque han pasado varios años de que nos casamos. Tenemos tres hijos y eso no es pretexto para que sigamos disfrutando nuestra sexualidad. Sí, lo tengo todo o mejor dicho, lo tenía. Jamás me di cuenta de toda la riqueza que tuve durante muchos años y la calentura me llevó a destruir lo que más amaba; todo porque no experimenté más mi sexualidad en mis años de soltería.

Lo conocí a él

Conocí a mi marido durante la secundaria, estudiábamos juntos. Desde ese entonces comenzamos una relación. A diferencia de lo que muchos pensaban, tuvimos una relación que cada vez se consolidaba más. Vivimos tantas pruebas juntos, que ya nada nos parecía un impedimento, sino un reto para seguir fortaleciendo nuestra relación día con día. Así fue, hasta que entré a un nuevo trabajo y conocí a ese joven. Debo aclarar que no soy una mujer mayor de 40, sólo me casé muy joven, a los 20. Como dije, estaba muy felizmente casada y creí que ya lo conocía todo respecto al amor. Sin embargo, jamás había pensado en mi vida sexual. No hasta ese momento en que lo vi.

Desde que entré a la oficina, sentí como me desnudaba con su mirada. En ese momento, sentí algo que tenía mucho no sentía entre mis piernas. Era una sensación bastante agradable, pero a la vez me espantó un poco. Aunque llamaba mucho mi atención, los primeros días no le di mucha importancia. Trataba de no prestarle tanta atención y me enfocaba en mi trabajo. Todas en el trabajo hablaban de él. Parecía que era como ese muñeco que toda niña desea en Navidad. Muchas de mis compañeras querían que él se fijara en ellas; pero vaya, ya no éramos unas jovencitas de su edad. O al menos eso creía…

Un día se me puso enfrente

Habían pasado algunas semanas y debo reconocer que para ese entonces el hombre no salía de mi mente. Incluso hubo momentos que estando en casa con mi familia, pasaba por mi mente. Su cara, su sonrisa, lo que decía. Era como si estuviera hipnotizada. Un día sin más, se me puso enfrente. Yo había ido por un poco de café y llegó. Me sonrió, me saludó y no recuerdo que me susurró al oído. En ese momento me puse muy nerviosa. Sólo le sonreí tímidamente y me alejé de él.

No salía de mi mente

A partir de ese día estuve más distraída que de costumbre. Las veces que llegué a tener sexo con mi marido, por alguna extraña razón, él se venía a mi mente. Simplemente no podía sacarlo de mi cabeza. Tenía miedo, estaba asustada y no sabía qué hacer. No quería ser infiel, pero en mi mente lo estaba siendo.

Luego llegó una fiesta de la empresa, se llevó a cabo en un hotel y nos ofrecieron cuartos por si nos pasábamos de copas o por si no queríamos salir de madrugada para llegar a casa. Yo había quedado con mi marido que él pasaría por mí a cierta hora. Sin embargo el plan cambió.

Me la estaba pasando muy bien

Mis amigas estaban muy divertidas y yo también. Era un gran respiro a mi vida cotidiana. Por un momento me olvidé que era esposa, madre y ama de casa. Sólo era yo con un grupo de amigas disfrutando una fiesta. Vaya que disfrutamos, pues terminamos súper ebrias. Bueno, yo aún no lo estaba tanto. En algún momento de la fiesta el hombre guapo me sacó a bailar y yo acepté. Me sentía libre en ese momento. Accedí a bailar con él y volví a sentir esas cosquillitas entre las piernas. Cada vez se me acercaba más y yo me puse nerviosa, pero a la vez quería que él siguiera haciéndolo. Después de bailar otras tantas piezas, él se acercó y me besó. Yo le dije que era casada y él me dijo que eso no era impedimento para que disfrutara esa noche.

Caí en sus redes

Ese besó despertó algo en mí que desconocía por completo. Eran sensaciones que no había experimentado antes, pero que sin duda me gustaban. Me sentí como una adolescente haciendo algo prohibido y accedí a irme con él a uno de los cuartos que nos habían brindado. En ese momento olvidé que era casada, que tenía familia y que por una calentura podía destruir todo. Sin duda fue un momento grandioso. Él me hizo tantas cosas que yo no sabía que se podían hacer en la intimidad. Me besó todo el cuerpo, me arrancó la ropa, hizo que hasta el último poro de mi piel se erizara. Estaba tan excitada que disfruté tanto de ese encuentro. Luego de hacerlo más de tres veces nos quedamos dormidos. La ventaja era que al día siguiente no trabajábamos. Lo malo fue que olvidé que había quedado con mi esposo de vernos a cierta hora. Como había dejado de contestar los mensajes, fue a buscarme y ahora tenía a varios de mis compañeros preguntando de mi paradero…

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