Mi marido va al baño con la puerta abierta ¡Me choca!

hace pocos meses tuve un altercado con la puerta del baño principal. Al parecer mi perro (un gran danés) quien se divertía tanto saltando de la cama y tropezando con al puerta del baño, daño la estructura y nos quedamos más de una semana sin puerta.

¡Sin puerta!

Recuerdo que al principio de mi relación ni siquiera me atrevía a ir al baño de mi novio si el estaba cerca. Yo siempre prefería esperar a llegar a mi departamento para que el no escuchará ningún sonido. Con el tiempo eso cambió, cuando comencé a ser oficialmente su esposa y nos mudamos juntos el tema del baño poco a poco desapareció. Aunque he de admitir que aún a veces me causa mucho conflicto tener que ir al baño si algo me cayó mal cerca de él. En fin cuando nos quedamos sin puerta mi ansiedad se hizo presente. Al principio pensé ¡Qué importa, para eso están los otros dos baños de la casa! puedo pasar de ir en el de mi dormitorio.

Claro que para mi marido ir al baño no era un problema ¡Con la puerta abierta!

El primer día sin puerta fue épico para mi. Recién llegaba mi precioso marido del gimnasio a bañarse en casa. yo estaba aturdida en cama leyendo un libro que me tenía capturada. Cuando de repente mi atención cambió radicalmente al verlo orinando prácticamente enfrente de mi. Subí mi libro para evitar verlo, al parecer él lo había notado. El me grito desde el baño “perdona, no sabía que te iba a dar pena ver a tu marido desnudo en el baño”. Sí, él tiene un humor demasiado negro y a veces goza hacerme enojar. Yo solo le ignore y continúe con mi libro, el se acerco después de haberse bañado y me preguntó si había algún problema con no tener puerta. Yo le mire enojada y le dije que obviamente sería temporal. Así continuó un par de minutos haciéndose el gracioso conmigo pero claro, cómo enojarme con él. Pasando las horas olvidamos la puerta, aunque esa noche yo salí varias veces del dormitorio al baño.

A veces la intimidad es chocante

Llega un grado de intimidad con tu pareja, en el que ya no tienes nada de qué preocuparte. Te ha visto de todas las formas posibles y sí aún así te sigue amando, creeme que te ganaste la lotería. Pero hay ciertas ocasiones en las que esa intimidad ciega comienza a repercutir en la intimidad. Al poco tiempo de tener la puerta de nuevo en casa. Comencé a notar que mi marido ya no se molestaba en cerrarla. Comencé a sufrir pensando como decirle que no me encantaba la idea de verlo orinar el resto de mi vida. ¿De dónde venía la incomodidad? Pensé que si él seguía haciendo eso en algún momento yo iba a dejar de considerar tener relaciones con el. Había algo perturbador en esa acción.

Y le pregunte a quien ya sabes… sí mi mamá

Después de contarle toda la historia ella solo se echó a reír. Me dijo “mi vida tu esposo te tiene tanta confianza que puede hacer eso sin problema frente a ti. Preocupate mejor cuando comience a hacer cosas a tu espalda”. Me contó que justo esa semana mi hermana había ido a casa a contarle que su marido, entraba al baño con su celular y se quedaba ahí por horas. Sentí algo de alivio en sus palabras. Acepté la maña de mi marido por el tiempo que esta le duró. Pensé que era un tanto infantil quejarme por tal cosa, al final la intimidad y el matrimonio te traen este tipo de pruebas. Con los años las cosas cambian. Ahora mi marido ha agarrado otra maña, cenar sandwiches encima de la mesa sin plato. La verdad es que no se ahora cuál ha sido la peor.

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