Me acosó el esposo de mi amiga

Historia triste, pero completamente verídica y aterradora para mí. Un mal día me quedé sin trabajo. En ese entonces vivía en otra ciudad lejos de mi familia y no tenía donde quedarme. El cuarto que rentaba con una roomie era bastante caro por estar cerca de mi trabajo. Sin el ingreso correspondiente yo no tenía los medios para seguir pagando mi parte del arrendamiento. Fue así que quedé vulnerable y me acosó el esposo de una amiga.

La ayuda de una amiga

Para “fortuna” mía, tenía una muy querida amiga que recién había comprado una casa con su esposo. Al saber que yo andaba en apuros, ofreció rentarme un cuarto en su casa por el tiempo que lo necesitara. Se lo agradecí infinitamente y sin pensarlo dos veces fui a vivir con esta pareja. Las primeras semanas fueron bastante extrañas a decir verdad. Mi amiga y su esposo hicieron una parrillada para celebrar mi mudanza. Desde ese día me di cuenta de que algo no andaba del todo bien con el marido de mi amiga. Sucede que traje a un pretendiente a casa ese día. Apenas llevábamos dos dates, pero el chico en verdad era encantador. Al parecer, al marido de mi amiga no le hizo nada de gracia que él estuviera presente. Le hizo caras durante la comida y al final de esa noche mi amiga me hizo un comentario inesperado. Ella me dijo: “Fíjate que a Roberto no le gusta que traigas hombres a la casa. Él es muy chapado a la antigua. ¿Te podría pedir que veas a tus dates en otros lugares por favor? En realidad quiero que te lleves bien con mi marido, él es muy territorial”.

¿Es broma?

Se me hizo el comentario más extraño de este mundo, pues ni siquiera mi padre me hubiese prohibido llevar a un chico a una sencilla parrillada. Estaba un poco molesta, pero me dije a mí misma que en pocas semanas conseguiría trabajo y saldría de esa casa. Lamentablemente no encontraba nada de nada, así que decidí ir a casa a visitar a mis padres, por lo que estuve tres semanas fuera del cuarto que rentaba en casa de mi amiga. Cuando regresé, ella se encontraba de viaje de negocios, así que me quedé sola en la casa con Roberto, su marido.

La horrible cena

Esa noche llegué exhausta a casa. Lo único que quería era pedir una pizza y dormir. Por tanto, pedí la pizza a domicilio y entré a bañarme. No contaba con que la pizza llegaría tan rápido. Momentos antes de que acabara de bañarme escuché la puerta de mi cuarto abrirse y a Roberto gritando: “Nena, ya llegó tu pizza, ¿te la dejo en la cama o en la cocina?”. Mi primera reacción fue gritarle que la dejara en la cocina, haciendo caso omiso del “nena”. En fin, salí de bañarme, me cambie y fui a la cocina. Le ofrecí unos pedazos a Roberto que estaba trabajando en la mesa. A lo que él accedió diciéndome: “Te acepto una rebanada, pero come conmigo por favor, no me gusta comer solo”.

Nos sentamos a comer a la mesa

El se levantó y fue por unas cervezas. Sacó unas de sus favoritas por la grandiosa cena. Después, se acercó detrás de mí sosteniendo la botella a unos centímetros de mi rostro con su cara en mi cuello. Fue totalmente horripilante. Sentí su respiración en mi cuello y me preguntó: “¡Qué rico hueles!, ¿qué perfume usas?”. El notó mi cara de susto y me dijo: “Tranquila, no pasa nada. Deberías recomendarle esa fragancia a mi mujer, es deliciosa”. Me sentí tremendamente incómoda, solo le sonreí y comenté: “Bueno, creo que es hora de acostarme estoy muy cansada, buenas noches”.

Lo creepy

Cuando mi amiga regresó no quise hacer ningún comentario, aunque intenté estar lejos de casa todo el tiempo. Afortunadamente, encontré un trabajo, así que comencé a buscar un lugar a donde mudarme. Sin embargo, no encontré nada que se ajustara a mi presupuesto. Me quedaría en esa casa tres meses más. Mientras más tiempo pasaba, este hombre hacía cosas más creepies y parecía gustarle mi cara de susto cada vez que nos encontrábamos solos. Un día, al volver a la casa la encontré sin cortinas. Según él, había quitado las cortinas de toda la casa para mandarlas a la lavandería. Mi amiga se rió de mí al ver mi cara de susto y me dijo: “Tranquila, aquí nadie te va a mirar los calzones. Verás, la casa tenía grandes canceles y los cuartos estaban uno frente al otro, claramente nos podríamos ver si no había cortinas”.

Mi amiga salió de viaje otra vez

Esa noche decidí no regresar a la casa a dormir. Tenía miedo de que el marido de mi amiga fuera a espiarme, pues ya varias veces lo había cachado de noche husmeando cuando la puerta estaba abierta. Al regresar a la mañana siguiente, Roberto me sonrió y comentó: “Vuelve la hija pródiga, ¿dónde estuviste anoche, eh? No me digas que no ibas a poder dormir sin cortinas. No te preocupes que hoy llegan y te ayudo a ponerlas nuevamente”. Me lo dijo con un cinismo y una malicia en su voz, que ya no pude más. Así que de frente le dije: “Me estás incomodando con tus comentarios”. El solo se empezó a reír.

“Si me quieres para ti solita lo podemos lograr”

Enseguida hizo un comentario que me paralizó: “Sí lo que tengo con Gloria no va a durar toda una vida, tranquila, si me quieres para ti solita lo podemos lograr”. Yo estaba pasmada, no podía creer lo que me estaba diciendo. Se acercó a mí y trato de acariciarme el cabello. Yo me eché para atrás y comencé a gritarle: “¡Estás loco, eres el marido de Gloria, mi amiga! ¿Qué te crees?”. El solo me veía con una gran sonrisa: “Qué guapa eres cuando te enojas, de verdad me encantas”. Hizo caso omiso de todos mis comentarios, yo estaba desesperada. Él intentó besarme y yo no me dejé. Después de un pequeño jaloneo solo pude agarrar mi bolsa y salir de la casa. No volví hasta que regresó mi amiga, y mi pretendiente se ofreció a ayudarme con la mudanza.

Cuando le avise a mi amiga que me iba ella estaba que no se la creía. Me preguntó: “¿Todo bien, por qué esta decisión tan abrupta?”. Entonces la senté y le conté todo lo que había pasado. Ella se levantó de la mesa y me llamó mentirosa. Dejó que sacara mis pertenencias de su casa y no volví a verla nunca. Yo sé que en el fondo ella sabe con qué tipo de hombre se casó y vive. Durante el tiempo que viví en su casa los vi pelear por muchas razones. Es triste, pero incluso entre mujeres no nos creemos cuando alguien está abusando de nuestra vulnerabilidad.

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