Mamá sobreprotectora VS. mamá relajada, ¿qué es mejor?

Convertirte en mamá es una experiencia bastante divertida y llena de retos. Parece muy sencillo cuidar de los hijos y hacernos cargo de sus necesidades. Sin embargo, mucho de lo que hagamos o dejemos de hacer tendrá que ver con la forma de ser de nosotras. Ahora que soy madre he conocido a un sinfín de mujeres que se encuentran en la misma etapa que yo. Lo más curioso es la forma en que cada una de ellas hace su labor maternal. Algunas aseguran que es mejor ser una mamá relajada, que una que se preocupa por todo.

No podemos tener a los hijos encerrados

Creo que si algo tenemos en común todas las madres es el sentimiento de querer proteger a nuestros hijos a como dé lugar. Sin embargo, a pesar de buscar eso debemos ser conscientes de que no podemos tenerlos encerrados en una burbuja. Hacerlo podría hacer que crecieran como seres temerosos, miedosos y sin las herramientas necesarias para sobrevivir en un mundo que está lleno de aspectos tanto buenos como malos.

Mamá cuidadosa o mamá relajada

A partir de esas situaciones en las que noto los diferentes comportamientos que todas tenemos, decidí hacer un artículo sobre ello. Podrá parecerte chusco o algo muy serio. Si escribo esto, no es con el afán de ofender a nadie. Más bien es para hablar sobre las dos caras que tiene un mismo rol: en este caso la maternidad.

Al enfermarse

  • Mamá cuidadosa. Las mamás que entran en este grupo se aseguran de cargar todos los medicamentos de sus hijos. Incluso aunque los medicamentos no les toquen en ese momento. Si los hijos no están enfermos, no dudan en cargar con ellas al menos un antigripal o toallitas desinfectantes para lo que se ofrezca.
  • Mamá relajada. Estas mamás le dan las medicinas a sus hijos. Sin embargo, no se enfocan tanto en cargar con ellas los medicamentos. Si se pasa la hora del medicamento, creen que no pasa nada. Al llegar a casa, le dan el medicamento sin mayor preocupación.

Cuando van al parque

  • La mamá cuidadosa le pone el armamento necesario a su retoño por si le pasa algo. Carga con coderas, rodilleras, casco y todo lo necesario para que subir a los juegos sea seguro. Es el niño que anda con playera de manga larga para que no le haga daño el sol. También lleva consigo una gorra. Si va a comer algo en el parque, debe limpiar sus manos previamente para no ingerir bacterias.
  • Si eres una mamá relajada, dejas que tus hijos anden corriendo de un lado a otro, obviamente con tu supervisión. En caso de que se suban a una resbaladilla enorme no das el grito en el cielo. Más bien los alientas para que no tengan miedo. Si el pequeño se cae y se raspa, no hará gran alarde de ello. Lo que menos quiere es que su hijo crea que el parque es un lugar inseguro.

En la escuela

  • La mamá cuidados está al pendiente de sus hijos y, de ser posible, todos los días habla con los profesores para saber cómo van sus hijos. Es bueno prestar atención a lo que ellos hacen, pero también hay que darle un respiro a los profesores.
  • En cambio, la mamá relajada sabe que debe estar pendiente de lo que hacen sus retoños, pero no está encima de los maestros todo el tiempo. Cuando son las juntas, aprovecha para resolver sus dudas. Sólo en casos muy especiales lo hace.

¿Y las mascotas?

  • Cuando se trata de las mascotas, la mamá cuidadosa no deja que su retoño se acerque a los animalitos. Menos permitirá que los acaricie o que quiera tener uno en casa.
  • Una mamá relajada deja que su pequeño acaricie a un perrito o gatito, con el debido cuidado. Le da la oportunidad a sus hijos de saber qué se siente tener mascota, enseñándoles a ser responsables.

Al comer

  • Una mamá cuidadosa pocas veces deja que sus hijos se salgan de la rutina que tienen de alimentos. Si ve que el pequeño está enfermo, por nada del mundo dejará que coma un helado o cualquier alimento que le pueda afectar.
  • Por su parte, la madre relajada enseña a sus hijos a comer de todo, incluso chile. Les explica lo que va a pasar si comen cada alimento, pero prefiere que lo prueben con ella para que en caso de ayuda, ella esté ahí. No los obliga a comer nada, pero tampoco los priva de la posibilidad de nuevos sabores.

Cada una de nosotras tiene un modo único de educar a nuestros hijos. Es importante no ser exageradas, pensemos en que eso puede ser contraproducente para ellos. Mejor hay que enfocarnos en darles las bases necesarias para desenvolverse en la vida.

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