Mamá: fuiste muy cruel conmigo y ahora te agradezco por ello

Desde pequeña noté que no era tu preferida, siempre estabas más al pendiente de mi hermana. Entonces creí que lo hacías porque ella es más pequeña. Sin embargo, conforme fuimos creciendo, las cosas siguieron igual. Siempre estabas más con ella, para bien o para mal. Siento que eras demasiado cruel conmigo y en ese momento deseaba que no fuera así. A veces hubiera querido que tuvieras más interés por mí, pero ahora, creo que todo eso tuvo un por qué que me benefició a mí.

¿Por qué solo ella?

Durante mucho tiempo, no entendí por qué solo a ella volteabas a ver. Cuando había festivales escolares, te esmerabas más en que ella tuviera el disfraz perfecto y conmigo la cosa era diferente. Prácticamente te daba igual si iba con el vestuario correcto o no. Incluso en mi graduación, parecía que no te sentías orgullosa de mí y de todo lo que había logrado. Solo tenías la mirada puesta en ella, esperando que llegara tan lejos como yo. Nunca pasó eso, pues ella solo terminó la secundaria, pero nunca hizo más por salir adelante. El hecho de que no tuviera carrera no era motivo para que ella no buscara salir adelante.

Le dabas todo a ella

Recuerdo que durante toda esa etapa me sentía enojada contigo, pues sólo buscabas darle todo a ella. Así se tratara de material para la escuela, ropa o lo que se necesitara, solo te preocupaba que tuviera lo que necesitaba. Conmigo nunca tuviste esas atenciones. Debo reconocer que estaba muy enojada contigo, pues eras muy cruel conmigo.  Tal vez eso me orilló a salir de casa lo más pronto posible. Fue por eso que cuando cumplí la mayoría de edad, me fui de casa. Pensé que cuando lo hiciera, tú ibas a reaccionar, pero no fue así.

Adiós, mamá

Luego de mudarme de casa, las cosas no fueron sencillas, pero no me di por vencida. Con trabajo y a veces con complicaciones, aprendí a salir adelante. El trabajo que tenía en ese entonces no era tan bueno, pero al menos me servía para tener lo elemental. Tú, aunque lo sabías, jamás hiciste nada por ayudarme. Incluso parecía que te daba igual lo que sucediera conmigo. Jamás preguntaste si tenía hambre o para pagar mis gastos. Siempre estabas al pendiente de mi hermana, que por cierto, a sus casi 35 años seguía metida en tu casa.

Gracias por ser tan cruel conmigo

Ahora, al paso de unos años, solo puedo agradecer por haber sido tan cruel conmigo. Sí, me dolió y todavía un poco, pero he aprendido a ver las cosas desde otra perspectiva. Ahora sé que gracias a esa crueldad, yo pude salir adelante. Con mi hermana el trato fue diferente y la prueba está en que ella no sabe hacer las cosas sin ti. Gracias porque aprendí a crecer y a ser independiente. A pesar de todo, te quiero y te agradezco ser la mujer que soy el día de hoy.

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