Los peores osos a la hora del sexo

Sabemos que el sexo es uno de los momentos más importantes con tu pareja. Es un ritual de intimidad en el que pueden o no destapar sus instintos más primarios. A veces se planea y en otras ocasiones ocurre cuando menos imaginamos. Aunque no lo creas, hay quienes han pasado los peores osos justo en ese momento. Seguro sabes de lo que hablo, si no, checa lo que recopilé entre mis conocidos. Obvio todo lo que está aquí ha sido con su previa autorización.

Con el cuerpo trabado

Uno de mis amigos vivió el momento más cómico pero a la vez penoso en plena acción. Estaba tan emocionado con su chica que se devoraban a besos. Todo iba bien hasta que de pronto sintió que su mandíbula no respondía. Como estaban tan prendidos, optó por ignorar ese pequeño percance. Terminaron su encuentro y todo, pero al día siguiente, no soportaba el tremendo dolor en la mandíbula. Lo bueno (o no) es que su novia no se dio cuenta.

Perder la noción del espacio

Un día en plática con amigas, contando los peores osos en la cama, una de ellas comenzó a reír. Cuando pudo controlarse, nos contó que fue con su novio de viaje. Conocieron la ciudad y todo iba muy bien. Por la noche, decidieron encerrarse en la habitación del hotel. Todo iba bien hasta que optaron por poner la mayor parte de su peso sobre una repisa. Él cargó a mi amiga para que ella quedara ahí. El mueble no aguantó mucho y ella terminó en el suelo.

Coro de flatulencias

Todos nos echamos pedos, es algo que forma parte de nuestras funciones anatómicas (nos guste o no). Sin embargo, para nosotras a veces resulta un poco incómodo cuando la que hace esos ruidos extraños es la vagina. Eso sucede porque durante la penetración, entra aire que busca la manera de salir. Bueno, luego de dar esta pequeña introducción, un amigo pasó el peor oso de esta manera. Estaba en el momento de los besos y las caricias con su chica, cuando de la nada, su cuerpo comenzó a expulsar gases. ¡Vaya sorpresa! Lo peor es que no eran silenciosos, sino que toda la habitación quedó impregnada. ¡Ewww!

¡Tan rápido!

Una amiga conoció a un chico que presumía de ser un donjuán. Aseguraba que traía loca a más de una por sus dotes de conquista. Incluso aseguraba que había tenido muchas amigas cariñosas y que lo seguían buscando por sus buenas maniobras en la cama. Cuando llegó el momento de que mi amiga lo comprobara, quedó completamente decepcionada. No llevaban ni dos minutos cuando él ya había terminado. Ella quedó sorprendida y le quedó claro que nada tenían que ver sus palabras con los hechos.

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