Lo siento, en más de una ocasión la tóxica fui yo, no ellos

Sí, lo acepto, durante mucho tiempo yo era la persona más tóxica. Lo malo es que no me daba cuenta de ello o prefería echarle la culpa a los demás de todo lo que me pasaba; cuando en realidad, sí era mi culpa porque dejaba que otros tomaran las riendas de mi vida. Lo más curioso, es que contrario a lo que creía, la toxicidad no sólo tiene que ver con la pareja que elijes sino en la forma en que te desenvuelves en la vida. 

Siempre trataba de arreglar problemas ajenos

Era tóxica porque quería solucionar todo a mi alrededor, incluso cuando eran problemas que no eran de mi incumbencia. Aunque fueran las situaciones más desagradables, siempre trataba de maquillar las cosas para que dejaran de verse tan negativas o tan graves. Ya sabes, dar segundas oportunidades a quien no las merecía, sólo para no quedarme con culpa alguna. Perdonar “amistades” que sólo se enfocaban en traicionarme. 

Tóxica por ser la única que mantiene de pie la relación

Antes estaba acostumbrada a ser una mujer que quería todo en orden a mi alrededor. Desde mis artículos personales, la forma en que hago mis actividades y las personas con las que me relacionaba de manera sentimental. Siempre era la primera en hacer llamadas a mis novios, era la que siempre corría cuando ellos lo necesitaban, la primera que dejaba de lado sus prioridades por contemplar lo que otros necesitaban. Sí, siempre estaba ahí para los demás, pero me olvidé de lo más importante: tenía que estar primero para mí, para cuidarme, para amarme, para atenderme, para saber que era prioridad por encima de todo lo demás.

Todos abusaban de mí

No me quiero hacer la víctima, pero es la realidad, todos abusaban de mí porque yo les di el poder para que lo hicieran. Así fue hasta que un día decidí cambiar, estaba cansada de ser la marioneta de todos los que me rodeaban. Ahora ya era “mala” (de acuerdo a las opiniones de los demás) porque había decidido convertirme en mi prioridad. Ya era mala, una bruja, porque dejé de preocuparme por los demás y comencé a ver por mi, antes que todos los demás.

Aprendí a decir NO

A ojos de los demás, me convertí en una maldita, todos se sentían enojados conmigo. ¿Enojados por qué? Porque había quitado esa venda de mis ojos y había tomado la decisión de ser la única con las riendas de mi vida en mis manos. Pues entonces no me importaba ser mala, ser la peor. Si eso me ayudaba a rescatarme a mí, que el mundo ardiera a mi alrededor. He aprendido a darle a cada persona el lugar que merece. Mucha gente ha ido marchándose de mi vida, pero eso me hace darme cuenta que he tomado la mejor decisión.

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