Lo que tener terrores nocturnos me enseñó

Durante muchos años fui atormentada por una serie de terrores nocturnos. Desde niña solía tener sueños demasiado vívidos, mi pediatra le dijo a mis padres que tenían una niña con una desbordante imaginación. Conforme crecí me apasione de las historias de lo desconocido, hadas, duendes y hasta fantasmas. Yo era una niña con bastantes dotes artísticos, así que solía inventar pequeños cuentos que luego le contaba a mis padres.. Pero pro alguna extraña razón mis cuentos comenzaron a tomar vida…

No en la vida real como tal

Era tal mi imaginación algunas veces que soñaba lo que había imaginado durante todo el día. Para una niña soñar con estas cosas era algo fantástico, siempre y cuando no se tratara de una historia de terror. En esa época no entendía que los sueños servían como una forma de analizar los datos que recolectabas durante el día y expresar lo que estabas sintiendo en el subconsciente.

Llegue a ser un adulto

En el periodo de transición de la infancia a la adolescencia parte de esa imaginación se convirtió en una típica adolescente creativa con problemas de carácter. Mis emociones eran muy explosivas, digamos que no tenía mucha inteligencia emocional. Las pesadillas cesaron, hasta que llegue a ser una adolescente ya convirtiéndose en un adulto. Fué bastante frustrante para mi tener terrores nocturnos durante la etapa de universidad. Ya que pasaba gran parte de las noches haciendo tareas y me quedaba a solas en la oscuridad. Las pocas noches que yo pasaba en cama, las tenía que pasar con la luz prendida. Mis pesadillas se convirtieron en escenas tan vividas que gran parte de la noche se me iba en calmar las taquicardias.

Pase muchos años con terrores nocturnos

Pesadillas que harían que cualquier película de terror se quedará corta. Estaba bastante asustada y para entonces deprimida. Sufría de ataques de ansiedad y algunos ataques de pánico. Lamentablemente la salud mental no es algo que se hable en familia. Al menos no en la mía. Así que pase este trayecto de mi vida sin dirección de un psicólogo o psiquiatra. Cada día más cansada, sin poder cerrar los ojos y con mucho pero mucho miedo. Mi familia es catolica y en ese entonces yo rezaba muchísimo, sin éxito.

El final de las pesadillas

Fue hasta que conocí a una persona especial, que me dijo que estaba siendo atacada y no era mi imaginación. Ella no es una psicóloga, ni psiquiatra, es solo una persona con muchísima empatía. Ella me enseñó algo super valioso, me enseñó a controlar mis emociones. Pues a pesar de ser ya casi un adulto, el vaivén de mis emociones era tan volátil que desencadenaba en mi una serie de respuestas físicas. Esta mujer me enseño a meditar y con el tiempo yo sola comprendí un montón de cosas sobre mi misma y esas pesadillas.

Lo que aprendí

Desde que conocí a esa gran mujer, creo en que todos somos energía. Aprender a canalizar hacia algo positivo me llevo un buen rato. Sin embargo en menos de un mes de meditaciones y algunos cambios de vida, los terrores nocturnos acabaron por completo. Entonces entendí que todas esas pesadillas eran un grito desesperado para que me diera cuenta que estaba deprimida y debía cambiar mi camino. Mi propio cuerpo me lo decía todas las noches “es hora de cambiar”. Es extraña la forma en la que lo entendí pero ahora entiendo que para encontrar la luz a veces tienes que pasar por la oscuridad. No expresar tus emociones genera monstruos, que viven literalmente en tu cabeza. Eres tu la que los creas y peor aún eres tú quien les da poder. Pero así como eres la única que los alimenta, puedes matarlos.

Nuestros propios demonios son solo señalamientos de la guerra interna que tienes. Aprende a controlar tus emociones, vacía tu mente y comienza a llevar tu vida por un camino más positivo. En cuanto de liberas de esa pesadez y esa creencia de que algo más quiere hacerte daño. Te vuelves responsable de tu propio desastre y comienzas

 

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