Lo complicado de tener una pareja que no se alegra de tu éxito profesional

Es gracioso, pero cuando nos hablan de encontrar al amor, nos dicen que para saber que estamos con la persona correcta, debe haber amor, respeto, cariño. Incluso hablan de la pasión o de qué tanta química se siente entre esa persona y nosotras. Sin embargo, pocas veces nos hablan de que para saber que haya realmente amor, es importante qué tanto gusto nos da el éxito profesional del otro. Sí, cuando te relacionas con alguien, piensas en lo que te hace sentir, en lo que quieres compartir con esa persona. Pero en lo que jamás piensas es en que tu éxito o el de él podrían ser perjudiciales.

Encontré un “amor bonito”

Justo estaba terminando la universidad, cuando conocí a un chico en el lugar en el que hacía el servicio social. Él estaba en otra área, pero desde que llegué comenzó a rondarme. Parecía un león acechando a su presa. Al principio no hablaba mucho con él, pues no quería meterme en problemas con los directivos, pues me importaba terminar el servicio social. Sin embargo, él no se dio por vencido y siguió insistiendo por meses. Ya cuando estaba por concluir el servicio, me animé a salir con él. Durante las primeras citas parecía ser un buen chico. Aunque me sentía bien con él, aún no estaba al todo convencida de querer salir con él. Lo que me impresionaba era que él no desistía. Y bueno, luego de varias citas, terminé aceptando ser su novia.

Maravillas, arcoíris y estrellas de color rosa

Una vez que comenzamos nuestro noviazgo, las cosas iban muy bien. Él era lindo, muy caballeroso, un gran amigo y el mejor confidente. Podíamos hablar de muchas cosas sin problema alguno. Incluso aunque no habláramos, la pasábamos muy bien. (Para no hacer el cuento largo, así fue durante varios años, cuatro para ser exactos). En todo ese tiempo compartimos un gran cambio en nuestras vidas. De la escuela a la vida laboral. Cuando terminamos el servicio social, los dos comenzamos la vida laboral en diferentes sitios. Poco a poco fuimos subiendo y escalando, mientras compartíamos nuestra relación. Después de cuatro años, decidimos dar un paso más dentro de la relación y optamos por irnos a vivir juntos. El matrimonio también era opción, pero queríamos estar seguros de que estuviéramos haciendo lo correcto.

Vida y carreras en compañía

Para nosotros vivir juntos ya era un gran reto, una nueva aventura y la afrontamos con mucha emoción y todas las ganas. Sin embargo, al mismo tiempo, mi carrera despegaba y las cosas mejoraban. Yo me sentí increíble, pues así sabía que no tendría que verme tan aterrada por todos los gastos que implica vivir con alguien. Cuando le conté a mi pareja lo que había pasado en mi trabajo, creí que le iba a dar gusto. Sin embargo, fue lo contrario, se molestó. Incluso, esa noche no quiso ir a festejar mi ascenso conmigo, mis amigos y familia. Según él, tenía cansancio. Pensé que estaba cansado o que tal vez había sido impactante. Pero siguieron pasando momentos en los que él en lugar de mostrar felicidad o apoyo, era todo lo contrario. Llegó un punto en el que ya hasta hacía comentarios como “mejor tú decide a dónde vamos a comer, pues seguro ya no quieres ir a comer tacos al puesto de la esquina”. “No supe qué regalarte porque ya no sé si aceptarás una prenda que yo pueda comprar según mis posibilidades”. “No voy contigo y tus amigos porque ustedes son de gustos caros”. La verdad eran puros pretextos.

Le afectaba mi éxito profesional

Aunque me iba mejor en el trabajo, jamás dejé que se me subiera la fama. Más bien, seguía siendo humilde y lo único que quería era compartir eso con mi familia y él. Pero en ese momento, comprendí que las cosas ya no volverían a ser igual. En lugar de que nuestra relación se fortaleciera, fue lo contrario. Todo se fue al carajo y bueno, tuvimos que terminar por su inmadurez profesional.

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