Las señales que te indican que debes renunciar al trabajo

Dejar un trabajo en el que llevas muchos años y al cual te has entregado en cuerpo y alma no es fácil. Me rehusaba a pensar en la posibilidad de renunciar al trabajo que tanto me costó conseguir. Empecé en esa empresa desde cero, como becaria. Fui responsable con todas las tareas que me asignaron; incluso, siempre daba un extra. Todos esos sacrificios rindieron frutos, ya que luego de que terminara mi pasantía me llamaron para incorporarme. No cabía de emoción. Se trataba de una empresa con mucho prestigio y una de las más respetadas en el ámbito de la comunicación. Sabía que no iba a ser como un día de campo. Después de casi seis años, la palabra renuncia pasó por mi mente. ¿Qué me llevo a tomar esta decisión? Aquí te lo cuento todo.

Falta de reconocimiento

No es que quisiera que me aplaudieran o me hicieran fiesta por cada cosa que hiciera, ya que era mi obligación hacer bien mi trabajo, por eso me pagaban. Sin embargo, mi jefa me hablaba solo cuando tenía que corregir algo, cometía un error o necesitaba mi ayuda. Nunca reconoció mi esfuerzo. Simplemente lo dejé pasar y me esforcé por yo misma aplaudirme y también reflexionar acerca de mis errores. Esa fue una de las primeras alertas que me llevaron a pensar en renunciar al trabajo.

Traspasar el límite laboral

Considero que solicitar un favor a un compañero de trabajo en el ámbito personal es muy válido. Lo he hecho y agradezco cuando me han brindado el apoyo. Sin embargo, existen límites. Ella era madre soltera y su jefe inmediato un día le pidió que se quedara a una junta. No tenía con quién dejar a su hijo y me pidió que si me quedaba con él afuera del edificio. Le dije que sí, la verdad sentí muy feo por el pequeño. Me comentó que no iba a tardar mucho la reunión, pero estuve casi dos horas afuera. El niño lloraba porque, obvio, no me conocía y quería a su mamá. En otra ocasión me pidió salir por su comida, como un favor lo hice. Sin embargo, luego ya se convirtió en una obligación.

El estrés afectó mi salud

El trabajo cada día se incrementaba y mi salario seguía igual. Las presión porque todo saliera como ella quería me estresaba demasiado, a grado tal que la rinitis que padezco se salió de control. Eso causó que  las glándulas que tenemos en el cuello se me inflamaran. Por las tardes, tenía temperatura. El cuello me dolía tanto, que no podía moverlo en ninguna dirección. Además, el estrés se me acumulaba en los músculos de los brazos, por lo que siempre tenía dolor. Esto ya no podía seguir así.

Decidí renunciar

Un día ya no aguanté más y le dije que iba a renunciar al trabajo. El día que me despedí le comenté que tenía que cambiar, ya que su actitud era la que la frenaba para seguir creciendo en la empresa. Además, de que ahuyentaba a mucha gente, como a mí. Nunca negué sus conocimientos, pero la forma en que decía las cosas era muy molesto. Me sentí muy liberada, aunque no puede evitar llorar y estar triste un par de días. Siempre hay algo mejor esperando.

Tú, ¿cómo te llevas con tu jefe?l

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