Las mujeres no somos un objeto

En pleno 2016 a la mujer aún se le ve como un objeto y no podemos ignorarlo. Las cifras oficiales refieren que una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física, sexual o emocional por parte de un hombre, incluso de su pareja. Así que platiquemos un poco de esto, pues a todas nos afecta y debemos cambiar una conducta desde nosotras mismas. Así sabremos que dejamos a las mujeres del futuro, a nuestras hijas, un mejor lugar para vivir y convivir.

¡No soy un objeto!

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No podemos seguir esperando a que se creen políticas en defensa de la mujer. Desde 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas iba a tomar cartas en el asunto para erradicar la violencia contra las mujeres. Y bien, después de más de 20 años las cosas siguen iguales. Así que no nos olvidemos de nuestra realidad y, sin vivir en la paranoia, recordemos lo que sucede diariamente en nuestra Latinoamérica. Es muy importante que pensemos en maneras de erradicar nosotras mismas esa violencia y no justificarla jamás.

Diariamente esto es lo que ocurre:

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  • En la calle, en el transporte público, en el espacio laboral, las mujeres somos acosadas. Es decir, cualquier hombre se siente con el derecho de mirarnos lascivamente, de acercarse a tocarnos y de gritarnos “piropos” por los que “deberíamos sentirnos halagadas”.
  • También hombres conocidos nos acosan sugiriendo que nosotras podríamos “servirles” para su placer sexual. ¿Por qué? Porque seguimos siendo un objeto de deseo.
  • Diariamente hay mujeres golpeadas y violadas en la calle, en sus casas y por sus propias parejas.
  • Los asesinatos a mujeres en toda Latinoamérica (y en el mundo) es un tema vigente y alarmante. La frecuencia con que nos enteramos de estas noticias es impresionante.

Dejemos de justificar esta violencia inconmesurable

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Esto le pasa a todo tipo de mujer, no tiene que ver ni con su belleza específica, ni con su forma de vestir. No puede ser ésa una justificación. Las mujeres somos libres de vestirnos como nos plazca. También de pintarnos los labios y usar tacones y minifaldas. Así mismo somos libres de no vestirnos así y ninguna de esas características pueden ser un argumento para justificar una mirada insistente porque esa también está rebasando nuestra intimidad. No podemos culpar nunca a la víctima sino al victimario siempre. No permitamos que nuestros familiares o parejas nos juzguen por ser como somos y quieran controlar nuestra forma de vestir o actuar.

Las mujeres no nos arreglamos para agradarle a los hombres. Tampoco nos pintamos ni nos vestimos de cierta forma para ellos. Así que es acoso y violencia que, por mencionar lo menos, te griten en la calle “¡mamacita!”. Ellos no lo hacen por querer halagarnos, lo hacen porque les divierte, porque somos para ellos un objeto del que pueden hacer lo que quieran. Esto porque así han sido educados y porque todos y todas normalizamos estas conductas. En los medios de comunicación masiva, en la televisión, las mujeres son humilladas, las tocan y las exhiben de una forma vulgar y grotesca. ¡No permitamos que esto continúe! #SoyMujerYnoSoyUnObjeto

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