¿Las groserías te causan problemas?, resuélvelos con inteligencia

Nunca comprendí por qué a las personas les causa tanto conflicto escuchar groserías. ¿De verdad es malo? Con frecuencia tenía problema con mi madre y mi novio porque la mayoría de mis frases enunciaban malas palabras. Las peleas eran constantes. Más que eso, eran llamadas de atención por mi mal vocabulario. Supuestamente, está comprobado que las personas que dicen más groserías indican que son más felices. ¿Quién sabe si sea cierto?, pero lo que sí es verdad es que se escuchan fatales. Nunca imaginé que un vocabulario inadecuado me traería tantos problemas. Aunque varias veces me dijeron que lo modificara jamás lo entendí, hasta que…

¡Qué sorpresa me llevé!

Constantemente, mi madre hablaba conmigo para entender el por qué de mi conducta. La verdad nunca pensé que darle voz a las malas palabras sería tan malo. Conforme fui conociendo a mi pareja me di cuenta de que jamás decía groserías, mucho menos cuando estaba enojada, pero pregúntame ¿qué tal yo? Era la más malhablada. Claro, esto fue tema de discusión los primeros meses, después pasó. Pensarás que a petición de él y de mi madre las malas palabras desaparecerían, pero nada de eso. Yo continué con mi forma de hablar igual, quizá reducí la intensidad de estas, pero seguía hablando incorrectamente.

¿Qué me hizo cambiar?

Es cierto, la vida nos sorprende. Bastó una hora y media para que comprendiera por qué mi mamá y mi novio insistían tanto con el cuidado de mis palabras. Recuerdo, que un día salí a cenar con ella y detrás de nosotras una pareja ocupaba una mesa. Al parecer, la pareja traía unas copas encima y en vez de hablar, literalmente, gritaban. La verdad no me causó sorpresa hasta que escuché todo lo que hablaban. Su conversación se basó en groserías, la mayoría, y en muy pocas palabras bien. Me causó ruido, pues mi mamá solo me veía para que me diera cuenta de que sea en quien sea, las palabras malsonantes son pésimas, mucho más si se escuchan en lugares públicos.

Ideas falsas

Después de aquella noche, empecé a prestar más atención a lo que hablaba para evitar las groserías. No te miento, me ha costado trabajo, pero querer es poder. Escuchar a aquella pareja me impulsó a modificar mi lenguaje tan feo. Además, no busco, y mucho menos deseo, proyectar una imagen errónea de mí por mi vocabulario inapropiado. Podré tener la mejor preparación profesional, el mejor trabajo o una belleza perfecta ¡yo qué sé! A lo que quiero llegar, es que una forma de hablar errónea puede matar cualquier proyección y, definitivamente, eso no es lo que busco.

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