La vida te pone una prueba las veces necesarias, hasta que lo hagas diferente

Todos los días, la vida nos pone enfrente una prueba. Algunos les llaman vivencias, otros tristezas, otros trancazos que da la vida. Sin importar cómo les llamemos, todos las hemos experimentado una, dos o muchas veces. Tal vez has notado que hay ocasiones en las que te pasa una vez, luego otra y muchas veces más una situación semejante y no entiendes por qué.

Auch, dolió

Recuerdo que cuando iba en la prepa, conocí a un chico que me volvía loca. Para ese entonces (es importante recalcar) que yo no tenía la suficiente fortaleza emocional. Debido a eso, fue que en ese momento permití muchas cosas por parte de ese chico. Me pizoteó, me lastimó, me ofendió y siempre lo defendí dándole por completo la razón. Sí, ahora que lo veo con otros ojos, sé que estaba muy equivocada. Sin embargo, en ese momento no lo sabía.

One more time

Por si una vez no fuera suficiente, la vida me volvió a poner una prueba. En esta ocasión, dolió más. Pasó algo similar, en donde un chico lindo llegó y las cosas iniciaron bien, como otras veces. Esta vez, algo fue diferente, pues ya no sólo eran ofensas, sino que ahora también eran contra gente que amaba. La forma en que se expresaba de mis padres, de mis amigos o de otra gente que era importante para mi. Todo eso me hacía daño, pero aún así no hacía nada por alejarme. (Ya sé que dirás que era una tonta, que cómo era posible que estuviera con alguien que ya había rebasado el límite). El problema es que cuando estamos mal emocionalmente, no nos damos cuenta de ello. De hecho, sólo creemos que las que estamos mal somos nosotras.

Patada tras patada

Sí, la vida ya me había mandado suficientes señales para que yo abriera los ojos y tomara cartas en el asunto. Sin embargo, las cosas no eran así. Parecía que yo seguía sintiéndome culpable de todo lo que pasaba. No aceptaba que no toda la culpa era mía, sino también de otros.

S.O.S.

Por si no estaba satisfecha con todo lo que había pasado en mi vida amorosa, no me daba por vencida en encontrar “al amor de mi vida”. Sí, el problema no era que creyera en el amor, sino que creía de manera equivocada. Creía en hombres malos, en hombres que disfrutan minimizar a las mujeres.

Una prueba aprobada

Luego de tener el mismo pizotón una y otra vez, llegó un punto en el que me cansé de lo mismo. Gracias a los consejos de mis padres, mis amigos y gente que me quería, por fin opté por ir a terapia para que entonces sí hiciera algo por mí. Ya era suficiente. Entonces al fin hubo luz para mí, pues en terapia comencé a ver todas las cosas de manera clara. Descubrí que lo único que pasaba era que yo no tenía suficiente autoestima. Al estar tan mal emocionalmente, aceptaba cualquier mal trato porque creía que eso era suficiente para mí. No tenía una pizca de amor por mí y por eso era que podía aceptar el mal trato de cualquier persona.

Ahora entiendo por qué tantas veces tropecé con “la misma piedra”. La vida me quiso hacer recapacitar una vez, no lo hice. Hubo una segunda vez y tampoco hice nada diferente. Fue hasta que llegó un golpe duro, que las cosas cambiaron para bien y entonces sí, aprendí que de cada cosa siempre habrá un aprendizaje que te hará ser mejor o peor…

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